Monotonotemático

06 Sep 2011

Después de negarlo sistemáticamente y hasta reclamar al gobierno norteamericano por colocar a México la etiqueta de “narcoterrorismo”, de pronto el gobierno lo redescubre, lo relanza y lo pone en el primer plano de las amenazas y riesgos.

El quinto informe de gobierno fue un fiel reflejo del estado que guarda el actual gobierno, más que el país en su conjunto: monotemático y monótono; o para expresarlo en un solo vocablo, monotonotemático.

El tema de la seguridad dominó la visión, el espíritu y el discurso del informe. Como lo describió Ciro Gómez Leyva hace unos días, este gobierno y su presidente nacieron con las botas puestas y con las botas puestas concluirán. Con paso marcial y con la bandera de la seguridad ondeando a toda asta, el próximo año electoral no habrá mea culpa por el desastre de la inseguridad que hay en el país, sino la mea lucha  para hacer de la elección presidencial un gran referéndum sobre este tema. El guión de esa campaña está más que anunciado: “¿Quieres que el país caiga en manos de los criminales y los violentos? Vota por ellos. ¿Quieres que continúe la lucha por tu seguridad y la de tu familia? Vota por nosotros”.

Esto explica el cambio del discurso oficial respecto al término terrorismo. Después de negarlo sistemáticamente y hasta reclamar al gobierno norteamericano por colocar a México la etiqueta de “narcoterrorismo”, de pronto el gobierno lo redescubre, lo relanza y lo pone en el primer plano de las amenazas y riesgos nacionales, a partir del multihomicidio en el Casino Royale.

No es la primera vez que el terrorismo como amenaza a la seguridad nacional y pública reporta dividendos electorales. George W. Bush logró su reelección cuando puso en alerta a los norteamericanos: “Al Qaeda está en los Estados Unidos”. No solo sacó su segunda elección, sino el Acta Patriota y una nueva ley de seguridad nacional. En Colombia, Álvaro Uribe, también introdujo la amenaza del terrorismo en su reelección y movilizó a la ciudadanía en torno a esta bandera. En la elección del año pasado, la narcoguerrilla de las FARC fue la amenaza terrorista que permitió a Álvaro Uribe la victoria de su candidato, Juan Manuel Santos. Terrorismo y miedo son dos poderosos resortes que suelen utilizar los gobiernos de derecha en coyunturas electorales adversas.

Si la intención es replicar esa estrategia en México (donde el recrudecimiento de la violencia criminal no es una ficción, sino una realidad cotidiana cada vez más evidente y extendida), el principal escollo es la actitud monotonotemática con que el gobierno ha abordado el problema de la inseguridad, donde se ha impuesto un enfoque predominantemente policial, se ha reducido la participación de la sociedad civil a una actuación testimonial y secundaria, y se ha hecho caso omiso a cualquier otra opción que no sea la propia.

Para impulsar la estrategia del terrorismo con fines electorales y de legitimación en el último año, el gobierno tiene todavía a su favor la aceptación de la ciudadanía de que la lucha contra el crimen debe continuar por encima de la claudicación o la negociación. Pero a medida de que la violencia se generalice y acentúe, tendrá en contra la percepción cada vez más extendida de que, con la actual estrategia, la actitud monotonotemática llevará al gobierno a perder la guerra, y al país a un desastre social.

Por último, la realidad jugará también en contra de la intención de hacer de la seguridad un tema plebiscitario en la próxima elección. Después de cinco años de “guerra”, el antes y el después de devastador. en 2006, la tasa de homicidios era de 8 muertes violentas por cada 100 mil habitantes. Actualmente es de 15.2, lo que ha llevado a México a ser considerado entre los 10 países más violentos del mundo (tasa mundial promedio de homicidios 8.8 por cada 100 mil habitantes). En 2006, las ejecuciones ascendieron a poco más de dos mil víctimas; en 2010, ascendieron a 15 mil 273 personas, de acuerdo a cifras oficiales.

El número de personas desaparecidas en 2006 era de 800. En junio del 2011 se estima entre 4 y 8 mil personas las que han desaparecido en el contexto del combate al crimen organizado.

En 2006, la incidencia delictiva del crimen organizado se concentraba territorialmente en tres entidades federativas y en 10 municipios. Actualmente, se ha diseminado a 17 entidades federativas y a 162 municipios.

En 2006 el fenómeno de la migración interna e internacional por el fenómeno de la inseguridad era prácticamente inexistente. En 2010, el número de mexicanos desplazados de sus lugares de residencia por cuestiones de seguridad se estima en 300 mil personas.

De acuerdo con la organización civil México Evalúa, los cinco delitos de mayor impacto entre los ciudadanos se han incrementado sensiblemente desde 2006: secuestro 188%, robo de autos con violencia 123%, extorsión 101%, homicidios dolosos 96% y robo con violencia en vía pública y espacios privados 47%.

Contra la terca realidad no hay política monotonotemática de seguridad que valga… Ni plebiscito que la valide.