A un año del 19S.2

Ene 01 1970

¿Algo peor que un sismo? Una política de reconstrucción indolente y sin atención a las personas damnificadas.

 

A un año del segundo 19S (el primero ocurrió en 1985), destacan dos lecciones: estamos mejor preparados en materia de protección civil que hace 33 años, pero nos encontramos rezagados en cuanto a resiliencia o reconstrucción sostenible.

Un año después, la mayor parte de la población damnificada por el 19S.2 permanece sin techo, desde Oaxaca hasta la CDMX –pasando por Chiapas, Morelos y Puebla–; buena parte de la infraestructura urbana y rural que resultó afectada (desde carreteras hasta escuelas) sigue sin reparación, y el propio sistema de alerta continúa reportando fallas en algunos de sus tramos.

Tres factores, por lo menos, inciden en esta resiliencia fallida: la falta de recursos económicos destinados a la reconstrucción; la “grilla” electoral por los comicios de 2018 y la infaltable corrupción.

1) Endémica falta de recursos: la reconstrucción de los daños del 19S.2 se estimó en 64 mil millones de pesos (mdp). El Fondo Nacional de Desastres (Fonden) sólo tenía presupuestados 9 mil mdp en 2017, es decir, un 14 %, y su asignación fue objeto de controversias políticas. Para 2018, el Fondo duplicó su presupuesto (a 18 mil mdp) y se le adicionaron 2 mil mdp etiquetados para la reconstrucción de viviendas dañadas en 2017. Si todo se destinara a ese rubro, lo cual es imposible porque se descuidarían otros 20 riesgos de desastres a los cuales está crecientemente expuesta la población en México, la reconstrucción tardaría un sexenio.

2) La “grilla” electoral: el hecho de que el financiamiento total para los partidos políticos en 2018 ascendiera a 6 mil 703 mdp, es decir, una tercera parte de lo destinado a la atención de desastres, generó una presión pública para que se reconsiderara un recorte al gasto electoral en general y un incremento de lo destinado a la reconstrucción.

El primero en reaccionar a esta presión ciudadana fue el partido Morena, el cual anunció que la mitad de sus prerrogativas sería donada a las personas damnificadas por el 19S.2. Ello generó una “grilla” electoral en dos vertientes: una suerte de concurso entre los partidos políticos para ver cuál donaba más recursos para la reconstrucción, y una controversia sobre el procedimiento y el mecanismo para distribuir ese apoyo (entregarlo a la Federación o destinarlo de manera directa a población afectada). Esa “grilla” persiguió a Morena incluso hasta después de su contundente victoria el 1 de julio.

La Ciudad de México es, sin lugar a dudas, la entidad mejor preparada para atender los riesgos de desastre, con un Fonden propio y un seguro inmobiliario contra sismos indexado al predial, pero no escapó al manejo grillesco de la reconstrucción, cuando se determinó que una comisión integrada por tres asambleístas decidiría el destino de 8 mil mdp. La controversia que esto desató, en un año electoral, terminó por paralizar la reconstrucción.

3) Corrupción: Hay situaciones en las que el problema no es la falta de recursos, sino la falta de un programa de acción para aplicarlos, es decir, la ineficiencia: uno de los rostros de la corrupción. Es el caso de los donativos ciudadanos y las aportaciones de fundaciones que no se han aplicado y ascienden a más de 2 mil mdp. Es una negligencia criminal, porque ha causado pérdida de vidas o agravamiento de la salud personal de damnificados quienes, a un año del 19S.2, aún viven en carpas en la vía pública. Peor política de reconstrucción, imposible.

Una opción para avanzar hacia una reconstrucción eficaz y ordenada es impulsar una Agencia de Reconstrucción Nacional que tenga presupuestos garantizados y actúe al margen de las “grillas” electorales y partidistas. Pero esto es tema de otra colaboración.

 

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