¿ANTIESTADOUNIDENSE?

11 Abr 2017

¿Es AMLO “antiestadounidense”? Ni el discurso ni los actos de gobierno cuando fue jefe de la Ciudad de México evidencian tal condición.

En los cinco años que gobernó la capital del país (2000-2005), la gestión de AMLO concentró el 45% la inversión extranjera directa que llegó al país, siendo la norteamericana la más favorecida (39%) (Inegi y SE). De hecho, por favorecer la inversión privada y volver más segura la ciudad, fue considerado el segundo “mejor alcalde del mundo” en 2004.

En 2006, en plena campaña electoral, cuando la comparación con Hugo Chávez estaba en todo lo alto, pregunté a uno de los secretarios de la embajada norteamericana si tenían alguna evidencia de la relación entre AMLO y el mandatario venezolano. “Ni se conocen, ni se escriben ni han hablado. No hay nada”, fue la respuesta.

En 2012, siendo coordinador de la campaña de López Obrador, tuve contacto informal con legisladores republicanos y demócratas. Estaban interesados en el programa de gobierno y en el tipo de relación que proponía el candidato de las izquierdas con los Estados Unidos.

Cuando los republicanos se enteraban que AMLO planteaba un recorte sustancial al gasto público corriente, no incrementar impuestos, bajar el sueldo de la alta burocracia y un programa de “austeridad y honestidad” en el manejo de los recursos públicos, de inmediato comentaban: “es nuestra propuesta para los Estados Unidos”.

Por su parte, cuando los demócratas se informaban sobre los programas sociales para adultos mayores, becas para estudiantes, apoyos a madres solteras, más centros universitarios para los jóvenes, sin endeudar al país, entre otros puntos, concluían lo mismo: “es lo que proponemos en Estados Unidos para reducir la desigualdad”.

Sobre el tema de la migración indocumentada, cuando conocían la postura lopezobradorista de “un nuevo empleo en México es un migrante menos en Estados Unidos”, ambos, republicanos y demócratas, asentían que era el enfoque correcto.

Los demócratas apostillaban la propuesta: “el mismo respeto a los derechos humanos que ustedes exigen para los mexicanos en Estados Unidos, deben aplicarlo a los centroamericanos que se internan en México”.

Recuerdo la postura de los republicanos sobre la frontera sur mexicana, preocupados por una posible infiltración del terrorismo internacional. “Si ustedes cuidan su frontera sur con nuestros parámetros y estándares, nosotros podríamos flexibilizar la política migratoria”.

La respuesta a unos y a otros ha sido la misma desde el 2006: el principio de la relación entre México y Estados Unidos será una “política de buena vecindad”, de “respeto y cooperación para el desarrollo”, no basada exclusivamente en la colaboración militar, policiaca o coercitiva.

Y si alguien piensa que esto es “antiestadounidense”, allí está el compromiso para crear una zona libre o franca en la frontera norte de México: alinear con los Estados Unidos impuestos (IVA e ISR) y costos de los insumos energéticos (gas, luz y gasolinas) en una franja de 20 kilómetros.

“No nos vamos a poner con Sansón a las patadas”, anunció AMLO desde su primera gira por la unión americana para defender los derechos de los migrantes. La prioridad será el mercado interno, la defensa de la industria y el empleo nacionales. En otras palabras, hacer a México grande otra vez. En este punto AMLO está más cerca del republicano Donald Trump que de Nicolás Maduro, Evo Morales o Raúl Castro. Such is life. Lo otro, el presunto peligro para México y EUA, es grilla bipartidista barata del PRIAN ante el temor de perder.