CIUDADES RESILIENTES

Ene 01 1970

Resiliencia es la capacidad para reponerse a un evento traumático y superarlo. Es un concepto que nació de la sociología, pero cada vez se utiliza más en ciencias sociales y en el urbanismo contemporáneo para definir la capacidad de respuesta de gobiernos y países para enfrentar desastres naturales.

 

El cambio climático está generando en diversas partes del planeta la presentación de desastres cada vez más intensos y cada día mas frecuentes. En efecto, los desastres registrados a nivel mundial indican una tendencia al alza y un número cada vez mayor de eventos. El número de eventos sísmicos registrados ha permanecido relativamente constante (los más devastadores en términos de víctimas mortales) y hay un claro incremento en el número de tormentas e inundaciones.

De acuerdo con la ONU, “En muchas regiones del mundo están aumentando los riesgos asociados a amenazas relacionadas con el clima (el riesgo de pérdidas económicas es mayor, aunque se hayan registrado menos muertes). El número y la intensidad de las inundaciones, sequías, deslizamientos y olas de calor pueden tener un impacto significativo en los sistemas urbanos y en las estrategias de desarrollo de resiliencia. Dependiendo de la ubicación, el cambio climático puede que influya en el aumento de la frecuencia de las lluvias en muchas regiones. Esto implicaría cambios en los patrones de inundación y contribuiría a las tendencias al alza de los valores extremos del nivel del mar en las áreas costeras”.

Entre los principales factores del riesgo están: • El crecimiento de las poblaciones urbanas y su creciente densidad, que ejerce presión en los suelos y servicios, y origina el aumento de asentamientos humanos en tierras costeras, a lo largo de laderas inestables y en zonas propensas al riesgo. • La concentración de recursos y capacidades a nivel nacional, con falta de recursos fiscales, humanos y limitadas capacidades en el gobierno local, incluyendo mandatos poco definidos para la reducción del riesgo de desastres y la respuesta. • La débil gobernanza local y la pobre participación de los socios locales en la planificación y la gestión urbana. • La inadecuada gestión de los recursos hídricos, de los sistemas de alcantarillado y de los residuos sólidos, que son la causa de emergencias en materia de salud pública, inundaciones y deslizamientos. • El declive de los ecosistemas debido a las actividades humanas como la construcción de carreteras, la contaminación, la recuperación de humedales y la extracción insostenible de recursos que ponen en peligro la capacidad de brindar servicios básicos como la regulación y la protección en caso de inundaciones. • Las infraestructuras debilitadas y los estándares de construcción inseguros que pueden provocar el desplome de estructuras. • Los servicios de emergencia descoordinados, con la consiguiente disminución de la capacidad de respuesta rápida y del estado de preparación. • Los efectos negativos del cambio climático que probablemente aumenten o disminuyan las temperaturas extremas y la precipitación, dependiendo de las condiciones de la región, con repercusiones en la frecuencia, la intensidad y la ubicación de las inundaciones y de otros desastres relacionados con el clima.

Ante este panorama crítico, las ciudades tienen que reforzar sus políticas, sistemas e infraestructura para convertirse en “ciudades resilientes”. ¿Qué es una ciudad de este tipo? La ONU la describe de la siguiente manera:

  • Es una ciudad en la que los desastres son minimizados porque la población reside en viviendas y barrios que cuentan con servicios e infraestructura adecuados, que cumplen con códigos de construcción razonables, y en la que no existen asentamientos informales ubicados en llanuras aluviales o pendientes escarpadas debido a la falta de otro terreno disponible. • Tiene un gobierno local incluyente, competente y responsable que vela por una urbanización sostenible y destina los recursos necesarios para desarrollar capacidades a fin de asegurar la gestión y la organización de la ciudad antes, durante y después de una amenaza natural. • Es una ciudad en la cual las autoridades locales y la población comprenden sus amenazas, y crean una base de información local compartida sobre las pérdidas asociadas a la ocurrencia de desastres, las amenazas y los riesgos, y sobre quién está expuesto y quién es vulnerable. • Es una ciudad en la que las personas están empoderadas para participar, decidir y planificar su ciudad conjuntamente con las autoridades locales, y valoran el conocimiento, las capacidades y los recursos locales autóctonos. • Ha tomado medidas para anticiparse a los desastres y mitigar su impacto, mediante el uso de tecnologías de monitoreo y alerta temprana para proteger la infraestructura, los activos y los integrantes de la comunidad, incluyendo sus casas y bienes, el patrimonio cultural y la riqueza medioambiental y económica. Además, es capaz de minimizar las pérdidas físicas y sociales derivadas de fenómenos meteorológicos extremos, terremotos u otras amenazas naturales o inducidas por la humanidad. • Es capaz de responder, implementar estrategias inmediatas de recuperación y restaurar rápidamente los servicios básicos necesarios para reanudar la actividad social, institucional y económica tras un desastre. • Comprende que la mayoría de los puntos anteriores también son primordiales para desarrollar una mayor resiliencia a las repercusiones medioambientales negativas, incluyendo el cambio climático, y para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

“Los alcaldes, los representantes del gobierno local y los responsables de la toma de decisiones a menudo tienen que hacer frente a los impactos de desastres de baja o mediana intensidad -y con menos frecuencia afrontan desastres de gran intensidad- que son el resultado de amenazas naturales o provocadas por el hombre. Los gobiernos locales tienen un estatus de primera línea en la respuesta a los desastres, a veces con amplias responsabilidades pero con capacidades limitadas para ejercerlas. Están también al frente cuando se trata de anticipar, gestionar y reducir el riesgo de desastres, al igual que en la creación o la puesta en marcha de sistemas de alerta temprana, y en el establecimiento de estructuras de gestión de crisis/desastres específicos. En muchos casos, se hace necesaria una revisión de los mandatos, responsabilidades y asignaciones de recursos para aumentar las capacidades de los gobiernos locales con el fin de responder a estos desafíos.

Para entender que los desastres “no son naturales” es importante considerar los elementos de riesgo. El riesgo es una función de la amenaza (un ciclón, un terremoto, una inundación o un incendio, por ejemplo), la exposición de la población y sus bienes a la amenaza, y de la situación de vulnerabilidad a la que se expone la población y sus activos. “Estos factores no son estáticos y se pueden mejorar, dependiendo de la capacidad institucional e individual de hacer frente y/o de actuar para reducir el riesgo. Los modelos sociales y ambientales de desarrollo pueden aumentar la exposición y la vulnerabilidad, por lo tanto pueden agravar el riesgo”, advierte la ONU.

Así que las ciudades además de ser habitables, amigables, cálidas y con calidad de vida, ahora tienen que ser también resilientes.

 

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Twitter: @RicardoMonrealA