¿Cuánto debe ganar un legislador?

Ene 01 1970

El costo de la política y de los políticos está a debate en casi todas las democracias contemporáneas. Es la forma como los electores de Inglaterra, Indonesia, Argentina y México, entre otros países, están pasando la factura antisistema a quienes no cumplieron sus expectativas.

 

En términos de contabilidad gubernamental, vender el avión presidencial, cancelar las pensiones de los expresidentes, recortar el gasto a la partidocracia, así como a los altos servidores públicos de los tres poderes de la Unión, tal vez no resuelva la falta de fondos para el desarrollo, pero sí atiende en la dirección correcta la falta de anclajes reales y simbólicos, entre los representantes ciudadanos y sus representados.

En este contexto, ¿cuánto debe ganar un legislador en México? Hay por lo menos dos criterios: uno netamente económico, de mercado, y otro propiamente ético o de legitimidad política.

El criterio de mercado nos remite a un trabajo profesional, especializado y de tiempo completo. Para determinar este ingreso se toma en cuenta una combinación de factores: oferta-demanda de las y los profesionales; el costo de la vida (IPC); meta de inflación; contribución de los salarios al ingreso nacional; productividad de la economía.

El segundo criterio, el ético o de legitimidad política, señala que el representante electo debería ubicarse en la media del ingreso económico de sus representados. Es la “honrosa medianía” juarista, pero es también el criterio estadístico inicial para determinar el ingreso base de un “servidor público”.

¿Qué significa esto en pesos y centavos? Que si el promedio de ingreso de los hogares más pobres del país fue de 91 pesos diarios, y el de los hogares más ricos fue de 1876 pesos diarios, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (2016), un ingreso justo medio sería de 892.50 pesos diarios, o 26 775 pesos mensuales. Si consideramos que un legislador ejerce un trabajo altamente especializado y capacitado, entonces podríamos ubicarlo en el promedio de los deciles más altos, en el que el ingreso diario alcanza hasta los 1785 pesos, o 53 550 pesos mensuales.

¿Qué pasa actualmente? Que el ingreso de un diputado alcanza los 149 230.32 pesos mensuales (sumando prestaciones y apoyos), mientras que el de un senador asciende a 171 444 pesos mensuales, en promedio.

¿Cuántas mexicanas y mexicanos perciben esta cantidad? No más de 100 000, de los 53 millones que integran la población económicamente activa. Hay un desfase abismal entre los ingresos de los representantes populares y sus representados, lo que evidencia una distorsión que deslegitima socialmente la función legislativa.

Este abismo se dimensiona mejor si comparamos la proporción entre el ingreso medio de un legislador y el salario mínimo en otros países. Mientras la distancia entre el salario mínimo en México y el ingreso de un legislador es de 57 veces, en Brasil es de 43; en Colombia, de 40; en Chile, de 37; en Argentina, de 23; en Paraguay, de 22; en Uruguay, de 21; en Ecuador, de 14; en Estados Unidos, de 12; en Bolivia, de 11, mientras que en España y Panamá es de siete veces.

Si la próxima Legislatura está en contra de la desigualdad, una buena señal será reducir la brecha entre el ingreso de los representantes populares y el ingreso de sus representados. La otra opción es una acción afirmativa ascendente: subir el salario mínimo a los casi ocho millones de trabajadoras y trabajadores que se ubican en el sótano salarial. Aunque lo deseable y posible es una combinación de ambas medidas: bajarle a los de arriba y subirle a los de abajo.

 

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