Cuauhtémoc: te quiero verde

Ene 01 1970

Algunas de las problemáticas más sensibles que siguen prevaleciendo en el corazón de nuestra ciudad son la inseguridad, la densidad poblacional y la contaminación ambiental, esta última abarca la calidad del aire, la accesibilidad del agua, así como el tratamiento de los residuos sólidos, por mencionar sólo algunos aspectos.

 

Si encauzar los esfuerzos institucionales para encontrar el bienestar común es la aspiración de todo buen gobernante, en la Delegación Cuauhtémoc hemos entendido que es preciso emprender acciones en favor de la calidad de vida de quienes habitan la demarcación, para que se vean reflejadas en el desarrollo humano y la economía de las personas pues, de lo contrario, el deterioro de los asuntos medulares sobre el entorno ambiental podría traducirse en escenarios catastróficos.

Por ejemplo, para incidir en los hábitos ciudadanos a fin de generar conciencia en favor del medio ambiente, en la Delegación Cuauhtémoc hemos emprendido acciones concretas, lejos de la mera retórica o las frases huecas y políticamente correctas. Nuestros esfuerzos en el tema de educación ambiental, que buscan concebir al ser humano como integrante de la biodiversidad y no como sujeto pasivo, han sido encaminados a la concientización y, en consecuencia, al cuidado y protección del entorno por parte de quienes aquí habitan.

Con políticas concretas buscamos repercutir positivamente en el entorno ambiental de nuestra demarcación: el origen de nuestros alimentos y el cuidado de nuestras áreas verdes, sin olvidar la promoción del adecuado manejo de los residuos sólidos, y la movilidad activa para contribuir a la disminución del uso de combustibles fósiles. Es decir, promovemos acciones individuales cuya suma tenga un impacto colectivo.

En ese sentido, para que los esfuerzos tengan resultados visibles, cada una de estas acciones es realizada de la mano de los mismos vecinos de la demarcación, quienes han sido partícipes en la organización y ejecución de las mismas; buscamos, a través de la educación y capacitación, fomentar un cambio de actitud hacia nuestro entorno. La respuesta, hasta el momento, ha sido favorable.

Así fue como, en primera instancia, involucramos a la comunidad vecinal en las actividades y conocimiento de autoproducción de alimentos en el Huerto Urbano de las Niñas y de los Niños, ubicado en el camellón de la Avenida de los Insurgentes; posteriormente, lo hicimos en el barrio de Tepito, en los huertos de la Casa de Cultura y del Centro de Desarrollo Infantil; después con el que está a cargo de personas adultas mayores en la colonia Paulino Navarro, y de la misma manera se efectuó con habitantes de la tercera sección de Tlatelolco, o en el barrio La Romita y la colonia Roma. Un logro adicional es que a estas acciones se han sumado vecinos que no pertenecen a la demarcación, como quienes acuden desde Iztapalapa y otras delegaciones.

Adicionalmente, ofrecimos cincuenta talleres gratuitos sobre agricultura urbana básica en la sede delegacional y la Casa de Cultura Santa María la Ribera. En un hecho inédito en la biografía de la principal plaza pública del país, instalamos temporalmente alrededor de seiscientos metros cuadrados de huertos urbanos en el Zócalo capitalino, así como ciento cincuenta huertos domiciliarios permanentes en diversas colonias, para contribuir con la producción de alimentos sanos y naturales.

Por otra  parte, gracias al apoyo de vecinas y vecinos, adoptamos más de doscientas treinta áreas verdes; estamos combatiendo la plaga de muérdago que azota a nuestros árboles, e instrumentamos más de mil acciones en favor de éstos mediante la ampliación de cajetes. Sin embargo, somos conscientes de que un gobierno no sólo debe preservar las áreas verdes, por el contrario, debe crear otras nuevas y ampliar la reforestación, como lo estamos haciendo en el Corredor Peatonal Jalapa, de la colonia Roma, el parque lineal de Atlampa, así como en las colonias Doctores, San Simón Tolnáhuac, Asturias, Centro y Juárez.

Así también, para fomentar la cultura del reciclaje establecimos el “Plastianguis” como un ejercicio institucional de intercambio de residuos plásticos por productos de la canasta básica. En lo que va de mi administración, los más de dos mil participantes han canjeado más de cuatro toneladas de residuos, por nueve toneladas de alimentos. De igual manera, coadyuvamos con un grupo de emprendedores egresados de la Universidad Nacional Autónoma de México para la instalación del primer centro de acopio y reciclado de unicel en Latinoamérica.

Por otra parte, para contrarrestar el consumo de combustibles fósiles y mejorar la salud y el bienestar de la población, pusimos en marcha la Biciescuela Infantil, así como el “Jueves de Movilidad Activa”, el cual consiste en que trabajadoras y trabajadores de la Delegación dejen su automóvil en casa un día a la semana y utilicen otro tipo de medios de transporte; esto fomenta el uso de la bicicleta y los traslados a pie.

Los gobiernos debemos instrumentar mejores prácticas para el aprovechamiento correcto de nuestros recursos y la conservación de los ecosistemas. Como sociedad no podemos ignorar los llamados para contrarrestar el deterioro ambiental. El combate al cambio climático y al calentamiento global inicia en las ciudades y en las acciones de sus habitantes.

La implementación de políticas en favor del medio ambiente es un reflejo claro de que el planeta necesita de la sensibilidad humana. Se precisa, como nunca, de la empatía hacia todos los seres vivos; si continuamos actuando con egoísmo, con mezquindad económica e intereses mercenarios, no habrá esfuerzo que alcance buenos resultados en pro de la sustentabilidad, la salud y la paz, en un ambiente óptimo.

El éxito de las políticas descritas inicia con un cambio individual, el cual esperamos que reditúe en acciones colectivas que repercutirán en la calidad de vida de quienes poblamos las grandes urbes y, en consecuencia, en el bienestar de nuestro planeta.