De la transición a la transacción

12 Jul 2011

¿De qué tamaño habrán sido los favores y servicios de la maestra Gordillo a la actual administración? La respuesta está en dos conceptos: dinero para la campaña y votos fraudulentos en la elección presidencial

¿Por qué la alternancia política no dio las transformaciones sociales, económicas y culturales que esperaba la ciudadanía? Porque la transición devino en transacción; no hubo renovación, sino capitulación; y los acuerdos públicos del cambio fueron desplazados por arreglos entre élites que terminaron en complicidad.

El conflicto Gordillo –Yunes no solamente desnuda la maltrecha reputación del primer personaje, sino que revela las causas del carácter fallido de nuestra transición a la democracia.

México y Rusia son dos ejemplos de transiciones frustradas. Comparten un mismo elemento: los promotores del cambio terminaron siendo rehenes de los poderes fácticos que el nuevo régimen debía combatir, al tiempo que el Estado cedió territorios, funciones y calles a la mafiocracia. ¿El resultado? La transición concluyó en una restauración del antiguo régimen; llegaron rostros jóvenes, pero con las prácticas y las costumbres políticas de antes.

En el libro Boris Yeltsin, de Valdimir Solovyov y Elena Klepikovo, se formula el siguiente diagnóstico sobre la caída en picada del último reformador ruso: “Cuando sólo llevaba dos meses como primer presidente de la Federación Rusa, su gloria llegó a su culmen con el fallido golpe de Estado por parte de los comunistas, en agosto 1991. Yeltsin apareció ante las cámaras de todo el mundo como el salvador de la democracia frente a la amenaza de un regreso de los comunistas al poder… Las cosas, sin embargo, se complicaron. La caída de la URSS y la llegada de la economía de mercado, con la consiguiente corrupción e invasión de productos extranjeros, sumieron a millones de rusos en una situación de crisis e incertidumbre. La primera guerra en Chechenia (1994-96) y la crisis interna de seguridad empezaron a mostrar la imagen de un Yeltsin cuya capacidad para gobernar cada vez levantaba más dudas, sobre todo por su afición a la botella y sus problemas de corazón”.

Yeltsin, que llegó a la Presidencia rusa con fama de un reformador más decidido que Mijail Gorbachov, fue inmovilizado por las alianzas que fraguó para llegar al poder en las elecciones presidenciales rusas de 1991 y, sobre todo, para sostenerse en el cargo. Fueron alianzas con el poder militar, sindical y la vieja burocracia del Kremlin. Lanzó una guerra contra Chechenia y los terroristas rusos, que le dieron popularidad en los primeros años, pero después se le revirtieron, por la incertidumbre de sus resultados.

“A partir de 1996, el declive físico e intelectual de Yeltsin fue evidente. Entre marzo de 1998 y agosto de 1999 cambió cuatro veces de primer ministro, en busca de un hombre que le pudiese suceder en el Kremlin y que finalmente encontró en Vladimir Putin (un policía político). Presentó su dimisión el 31 de diciembre de 1999, aunque su mandato no terminó hasta el verano de 2000. Desde entonces llevó una vida discreta, alejado de la política”.

Para deslindarse de la vinculación incómoda con la lideresa del magisterio, Felipe Calderón argumenta que la alianza política la hizo su antecesor, Vicente Fox, y que él solamente realizó una “alianza por la calidad educativa”. Pésima justificación. La Constitución es clara al respecto: los nombramientos del titular del Poder Ejecutivo son de la entera responsabilidad del mandatario en funciones, no de sus antecesores. El argumento de que se hizo una “alianza por la calidad educativa”, y no una alianza política, cae por su propio peso: hoy más que nunca el desastre educativo está documentado y certificado por mediciones nacionales e internacionales. El único resultado tangible de dicha alianza educativa es político, no pedagógico: transformar las escuelas en fábrica de votos, no en centros de producción de conocimientos y transmisión de cultura.

¿De qué tamaño habrán sido los favores y servicios de la maestra Gordillo para haber recibido en pago el ISSSTE, la subsecretaría de educación básica, la lotería nacional y el secretariado del consejo nacional de seguridad pública, donde se asignan los presupuestos del ramo a estados y municipios? La respuesta está en dos rubros: dinero para la campaña y votos fraudulentos el día de la elección.

¿De qué otros acuerdos inconfesables nos iremos enterando a medida que se acerca el final de la actual administración? Manuel Espino, expresidente del PAN, revela que otra de esas alianzas fue con las televisoras. “En el caso de la Ley Televisa, Calderón instruyó a Vázquez Mota y a mí para pedirles a los senadores ratificar lo que habían aprobado los diputados…, aunque después él ofreció que como presidente no promulgaría esa ley, lo cual incumplió” (Proceso, No. 1810).

Reducir la transición a una transacción es tal vez el pecado original de los dos presidentes panistas que han habitado Los Pinos. Ser expulsados ominosamente del paraíso será tal vez su penitencia.