DE CARLOTA A MARGARITA

13 Abr 2017

Dicen que la historia suele repetirse. La primera vez como tragedia, la segunda como farsa.

Esto es lo que está aconteciendo en el caso de la entrevista que tuvo Margarita Zavala de Calderón con el senador republicano John McCain el pasado 6 de marzo en la ciudad de Washington, DC.

De acuerdo a la información revelada por el presidente de Morena, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), y no desmentida en ningún momento, la esposa del expresidente Felipe Calderón y aspirante a la candidatura presidencial del PAN para el 2018, habría acudido con el senador republicano pedir ayuda para ganar la Presidencia de México y a decir que si ganaba la izquierda en México, en concreto, si el próximo presidente de México era AMLO, sería un peligro para los Estados Unidos.

En dos ocasiones diferentes, el presidente de Morena denunció esta situación, mismas veces que no fue desmentida, por lo que podría concluirse que sí es cierta, ya que en materia de comunicación política, el (la) que calla, otorga.

Podríamos afirmar que la denuncia tiene visos de veracidad por los siguientes factores: 1)En 2006, el esposo de Margarita Zavala, Felipe Calderón, se benefició con la campaña “AMLO, un peligro para México”; 2) para el 2018, se buscaría reeditar una versión binacional 2.0 donde se dijera: “AMLO, un peligro para México y para Estados Unidos”; 3) históricamente, la derecha mexicana, cuando se ve perdida, busca apoyos en el exterior.

A este respecto, quisiera hacer un paralelo entre Carlota Amelia de México, esposa de Maximiliano de Habsburgo, y Margarita Zavala, esposa de Felipe Caderón. Ambas, mujeres de poder; ambas, esposas de hombres que gobernaron México; ambas, con fuertes aspiraciones y ambiciones para seguir los pasos de sus respectivos cónyuges.

A principios de la década de 1860, Napoleón III de Francia inició la Intervención francesa en México. Francia, impaciente en convertir a México en un Estado satélite, buscó un testaferro adecuado para servir como el emperador nominal. El archiduque Fernando Maximiliano de Habsburgo aceptó la propuesta y la pareja navegó para el Nuevo Mundo, llegando al Puerto de Veracruz en 1864 a bordo de la fragata Novara que fondeó en la bahía del puerto. Fueron coronados en la Catedral de la Ciudad de México el 10 de abril de 1864 y escogieron como Residencia Imperial el Castillo de Chapultepec. La princesa de Bélgica Charlotte, archiduquesa de Austria, tomó el nombre en español de Carlota Amalia de México al convertirse en emperatriz. Carlota como nueva emperatriz, comenzó junto a su esposo Maximiliano a configurar una corte, con un rígido protocolo influenciado de su vida juntos en Austria. Carlota presidía junto a Maximiliano los grandes bailes y recepciones que se celebraban en el Palacio Nacional de México y su nueva residencia imperial, Chapultepec. La nueva emperatriz intentó, desde un principio, mantener una activa actitud hacia los asuntos políticos. Con un carácter decidido, Carlota intervino en la política imperial (más crítica cada día que pasaba), mientras Maximiliano se evadía en sus proyectos para reformar México. Llevando a cabo actuaciones para intentar frenar la inestable situación que se vivía fuera de la ciudad de México, sobre todo con respecto a los grupos guerrilleros y el ejército liberal fiel a Benito Juárez, Carlota intentó ayudar en todo lo posible al emperador Maximiliano.

El Segundo Imperio Mexicano (1864 – 1867), fue breve y agitado debido a los choques entre la guerrilla republicana y los ejércitos imperiales mexicanos y franceses. Desde el principio los emperadores, no pudieron equilibrar sus políticas liberales con la plataforma de los intereses conservadores que les habían llamado a gobernar. Tan sólo pocos meses después de la coronación, Napoleón III comenzó a señalar su abandono a Maximiliano. En 1866 Francia, bajo la amenaza de Prusia, la presión de los Estados Unidos y especialmente las derrotas que sufrían frente a los guerrilleros de Benito Juárez, retiró sus tropas. Este obstáculo estratégico fue un golpe fatal a la monarquía mexicana y el Imperio se vino abajo. La situación fue exacerbada por un bloqueo de los Estados Unidos que impidió acudir a los refuerzos franceses.

La emperatriz Carlota Amalia, que ya se había destacado como atrevida viajera yendo a la Península de Yucatán para conocer a los mayas y las ruinas de Uxmal en 1865, decidió cruzar el Océano Atlántico en búsqueda de ayuda en Europa en una tentativa desesperada de salvar el trono de su marido, entrevistándose con la nobleza europea en París y Viena, a quienes recordaba en vano el compromiso contraído cuatro años antes; pero el poco éxito de su petición pudo ser una de las razones por las que comenzó a mostrar síntomas de desequilibrio mental, ayudado por los continuos desplantes del emperador francés Napoleón III. Desde Francia, se dirigió a Trieste para descansar y después a Roma, con la intención de conseguir el apoyo papal e inclinar a los conservadores mexicanos a su causa. Acudió al Papa Pío IX, a quien imploraba un concordato para el imperio tambaleante, sin embargo, del Papa únicamente consiguió promesas vagas que la desesperaron. En una de esas entrevistas, empezó a mostrar alteraciones en su intelecto e inclusive mencionando que la querían envenenar, llegando a tomar el agua de las fuentes públicas de Roma. Inclusive, posterior a una de las entrevistas con el Santo Padre, durmió en la Santa Sede, siendo hasta ahora la única mujer que ha dormido en ese sitio. Fue así como Carlota Amalia fracasó en el intento de lograr el apoyo europeo para la monarquía mexicana. Desde ese momento, bajo presión, su locura fue incrementándose, con episodios de lucidez y demencia, agravados (si cabe) por el fusilamiento de su marido. Maximiliano I había sido aprehendido en Querétaro y en juicio por el estado de guerra en el país, se le condenó a muerte. La sentencia se cumplió el 19 de junio de 1867, en el Cerro de las Campanas en Santiago de Querétaro, acompañado de los Generales Miguel Miramón y Tomás Mejía (Ver “Carlota de México”, ensayo en Wikileaks).

Cuando surgió el PAN en los años cuarenta del siglo pasado (1938, como reacción a las medidas del presidente Lázaro Cárdenas), mucho se dijo que los fundadores eran descendientes políticos de Maximiliano y Carlota. Algo así como los choznos de ese fallido Imperio.

Nunca creí que fuera cierto. Que se trataba de una simple descalificación política. Pero ahora, al ver que la aspirante presidencial del PAN, Margarita Zavala de Calderón, viaja a Washington a pedir ayuda, no para su esposa, si no para ella poder llegar a gobernar México, empiezo a creer que la historia efectivamente llega a repetirse, y en los términos que escribió Karl Marx en “El 18 brumario de Luis Bonaparte”: la primera como tragedia, la segunda como farsa o comedia hilarante.