Déjà vu mexiquense

01 May 2017

Estuve el fin de semana en los eventos de Delfina Gómez y Morena en el Estado de México. La gira de las mantas amenazadoras contra AMLO.

Para mí fue inevitable el déjà vu, la inmediata asociación sensorial con otro aspirante presidencial al que conocí y acompañé en varias ocasiones, Luis Donaldo Colosio.

Esas mantas de Acolman, Chimalhuacán, Ecatepec y Texcoco deben ser esclarecidas lo más pronto posible por la autoridad correspondiente.

No es un asunto menor ni que se pueda dejar a la estadística de la impunidad, porque está de por medio no únicamente la vida de un aspirante presidencial opositor, que lidera todas las encuestas, sino la estabilidad del país mismo.

No puede decirse que son unas mantas más de las muchas que se cuelgan al día en diferentes partes del país, porque aquí está de por medio la seguridad nacional y el futuro de la nación, sin exageración alguna.

La probabilidad de que las mantas sean un montaje político, y no una amenaza auténtica, son altas. No hay antecedente de un grupo delincuencial “la familia unida” en los municipios señalados. Si ese día decidieron aparecer públicamente, sería inédito que lo hicieran amenazando a un aspirante presidencial y no al grupo narcomenudista rival de la zona.  Tuvieron la gentileza de quemar un auto sin ocupantes y hasta de colocar una espectacular corona de flores, de tres mil pesos, cuando lo más caro que suelen invertir en sus adversarios son hieleras de unicel del Oxxo de 35 pesos, bolsas de hielo de 12 pesos y cinta adhesiva canela de 8 pesos de algún mercado sobre ruedas.

Además, tuvieron la paciencia de esperar a los bomberos, grabar a prudente distancia el trabajo de los apagafuegos, cuidando el mejor ángulo para que se vieran también la manta y la corona, y virilizar el video en cuestión de horas. Ni Francis Ford Coppola hubiese desplegado tanta destreza cinematográfica en tan pocos segundos.

El montaje quedaría para la picaresca nacional, de no ser por el grave entorno de violencia política que lo rodea.

En lo inmediato, existe una secuela de casi tres meses de confrontación discursiva entre el dirigente de Morena y el gobierno federal por el papel de las fuerzas armadas en el combate al crimen y la estrategia de seguridad oficial, que no ha logrado contener la violencia en el país.

Al relevo entró el gobernador de Veracruz con un video peor montado que las mantas del Estado de México, donde se muestra a una candidata de Morena recibiendo dinero que presuntamente sería de AMLO por el solo hecho de recibir la instrucción de entregárselo.

El audiomontaje motivó el envío de una carta dura y directa de López obrador al presidente de la República donde señala lo siguiente: “No se equivoque, Presidente. Yo no lucho por cargos ni por dinero. Lucho por ideales y principios. Y es la honestidad lo que estimo más importante; por eso, su actitud hirió mi dignidad. Y, como decía El Quijote, cuando está de por medio la libertad o la honra, se puede y se debe arriesgar hasta la vida”.

En una línea de tiempo, las mantas mexiquenses son respuesta a esa carta. Y el telón de fondo, la elección del Estado de México, en riesgo real e inminente de cambiar de manos.

El país no aguanta otro 1994 (Colosio, EZLN, crisis económica y política). Alguien quiere soltar nuevamente a los demonios (Mario Ruiz Massieu dixit). Las autoridades federales y mexiquenses deben aclarar ya el incidente de las mantas, sino el mantra de la autoría mafiosa caerá sobre sus cabezas inevitable y fulminantemente.