Deslinde histórico

Ene 01 1970

Desde el punto de vista del establishment mexicano, AMLO, el candidato presidencial de Morena, es políticamente incorrecto. Se atrevió a responder y cuestionar la postura de los dirigentes empresariales más importantes del país.

 

Quien reduzca este episodio a un tema de libertad de expresión se quedará muy corto. Se detendrá a ver el árbol, no el bosque.

Es mucho más que una disputa por el derecho a opinar, disentir o votar de manera diferente, como acaba de precisar el Tribunal Federal Electoral al bajar del aire el spot de “Mexicanos Primero” sobre la reforma educativa.

Es un tema de fondo sobre el derecho que tienen, o no, los grupos empresariales a actuar como grupos de presión política y de interés económico en el proceso electoral.

La Constitución Política y la legislación federal vigente prohíben cualquier tipo de intervención o influencia en el proceso electoral de grupos de interés y de presión en la contratación y difusión de promocionales en radio y televisión, que tengan por finalidad modificar, cambiar o inducir la decisión del electorado. Sobre todo, si estos grupos de interés son de tipo económico profesional, como las cámaras empresariales.

Esta prohibición expresa nace de la experiencia traumática de 2006, cuando grupos empresariales aliados con el gobierno de Vicente Fox, atiborraron de propaganda pagada los medios electrónicos para difundir la idea de que AMLO era un “peligro para México”, alterando las condiciones de equidad de la contienda, como en su momento lo reconoció el propio Tribunal Federal Electoral. Aunque esta injerencia “no fue determinante” en el resultado final, según los magistrados de entonces.

Bajo la misma estrategia, doce años después, los mismos grupos de interés (y hasta los mismos personajes) buscan influir en la elección presidencial, enfrentando al único candidato que ha osado discrepar, disentir y cuestionar las reformas y proyectos económicos más preciados para las cámaras empresariales cupulares: la reforma energética, la reforma educativa y el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México.

El mismo derecho a disentir que tienen los empresarios respecto a AMLO, es el que éste tiene para decirles “Ya basta. Ya han robado mucho, han destruido al país, están desgraciando al pueblo. Háganse a un ladito ya”.

El modelo económico neoliberal aplicado en el país durante las últimas tres décadas implicó claramente el aggiornamento, cruce y alianza del poder político con el poder económico. El resultado fue una de las sociedades más desiguales , violentas y oligárquicas del mundo.

Este arreglo implicaba fomentar en lo político el bipartidismo PRI y PAN, y reconocer alguna izquierda “políticamente correcta”, testimonial, que no rebasara el 17 % o el 20 %  de la votación.

Hoy que esa izquierda testimonial, parlamentaria y displicente con las cúpulas empresariales se ha convertido en una izquierda social, con amplias bases de apoyo regionales y a punto de ingresar pacíficamente al Palacio Nacional, las cúpulas empresariales salen a confrontarlo directamente.

El cambio de régimen hacia una democracia política, económica y social más sólida implica la división funcional y fundacional del poder político respecto del poder económico.

No implica la destrucción de uno por el otro. Ni el Estado destruyendo el mercado, ni el mercado sometiendo y arrodillando al Estado.

La democracia implica separaciones, divisiones y contrapesos de poder. La principal es la división de los poderes del Estado en Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Después existe la separación de poderes en el ámbito territorial, lo que hace el federalismo al distinguir entre municipios libres, estados autónomos y Federación soberana. Y existe la división antimonopólica o antioligárquica, que mandata la separación del poder político y el poder económico, entre los cuales puede y debe haber acuerdos (coordinación, colaboración y cooperación), pero no sometimiento.

Al responder y deslindarse de la cámaras empresariales, lo que está haciendo el candidato presidencial de Morena es enviar un claro mensaje de deslinde: “yo no soy igual que los otros candidatos, que se doblegan ante ustedes; tampoco soy aquel de 2006 que detuvieron a la mala a través de una embestida empresarial; vámonos respetando y marcando territorios desde ahora: al César lo que es del César y al dinero lo que es del dinero; seré Presidente, no su gerente”.

Estas dos visiones del tipo de relación entre poder político y poder económico (una visión de respeto y entendimiento razonable, y otra de sometimiento y acomodamiento), son las que también se decidirán en las urnas el próximo 1 de julio.

 

 

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