El debate que viene

Ene 01 1970

Rumbo a la elección del 1 de julio, el puntero en las encuestas (AMLO) deberá sortear su primera prueba: los debates presidenciales.

 

El primero ya está a la vista, el próximo domingo 22 de abril, a las 20:00 horas. No hay que ser adivino para descifrar la trama.

1) Por ser el puntero, será el centro de los ataques de Ricardo Anaya, José Antonio Meade, Margarita Zavala y Jaime Rodríguez, El bronco. Algo normal y natural. Sin embargo, una evidente maniobra de concertación de ataques de los cuatro adversarios, lejos de debilitar terminaría por fortalecer al puntero.

2) ¿Qué cuestionarán? Básicamente, la supuesta inviabilidad económica y presupuestal de sus propuestas de campaña. El cómo, el cuánto y de dónde saldrán los recursos para garantizar desde las pensiones a las personas adultas mayores, hasta las nueva refinerías. Dirán que las promesas expuestas hasta ahora triplican el actual presupuesto de la Federación, por lo que AMLO es un mentiroso o un populista irresponsable porque endeudará al país. En el libro La salida, el candidato de Morena brinda una explicación detallada de los ajustes a las partidas presupuestales y de los ahorros que espera obtener con su programa de austeridad, para financiar el plan de reactivación económica y de política social. Una buena explicación gráfica de ese capítulo desarmaría a los oponentes.

3) El ataque contra la persona de AMLO será fiscal, más que ideológico (muy parecido a lo que Hillary y Obama hicieron con Trump en el debate presidencial de 2016). ¿De qué vive el candidato de Morena, si presuntamente gasta más de los 50 mil pesos mensuales que dice ganar? Retomar las declaraciones fiscales, patrimonial y de intereses que ya hizo AMLO el año pasado, incluso antes del debate, neutralizaría las ansias fiscalizadoras de los adversarios. En un país donde 6 de cada 10 trabajadores vive en la informalidad y trata de pagar los menores impuestos posibles o de plano evadirlos “para que el gobierno no se los robe”, un ataque fiscal no interesaría más allá de un círculo de contribuyentes cautivos. En cambio, si se demostrara que el candidato de Morena tiene una casa blanca escondida en las Lomas, o una nave industrial de 54 millones de pesos, o que usa aviones particulares pagados por contratistas, entonces sí se podría pensar en algún tipo de daño. La probabilidad de que esto ocurra es de una contra 99.

4) Colaboradores y familiares deshonestos: al no encontrar un flanco débil en la persona del candidato, el manual del debate indica que se debe exhibir a familiares y colaboradores incómodos. Primero y segundo círculos; familiares y operadores políticos. Una especie de Eva Cadena 2.0 o de audios interceptados de familiares o colaboradores podría meter algún ruido, pero no derribar al puntero.

5) Las trampas de la fe: amnistía a criminales, la cancelación del nuevo aeropuerto de la CDMX, la revisión de los contratos petroleros y la derogación de la reforma educativa son los temas en que buscarán hacer caer a AMLO en contradicciones para presentarlo como intolerante, dogmático y extremista. Sin embargo, el giro o spin con el que se reviertan estos boomerangs podrían sumarle puntos en lugar de restarle.

Los debates dan o quitan entre 4 y 5 puntos a quien gane o a quien pierda. En elecciones cerradas son determinantes. En elecciones con márgenes abiertos son sólo importantes.

De los cinco candidatos que debatirán el próximo 22 de abril, AMLO es el único que ha participado en dos ejercicios presidenciales previos. Hasta en eso lleva la ventaja.

 

ricardomonreala@yahoo.com.mx

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