EL MUNDO AL REVÉS

Ene 01 1970

¿Qué puede hacer México? Diversificar sus relaciones comerciales hacia los nuevos centros regionales de poder económico en el planeta, especialmente China.

 

Quién lo imaginara. China se abre y Estados Unidos se cierra.

Mientras el presidente del país comunista más grande del planeta, Xi Jinping, anuncia una “nueva era económica” para su país, basada en una mayor apertura de su economía, en Estados Unidos, el país emblemático del capitalismo imperial, su presidente Donald Trump anuncia el fin de la era de los tratados de libre comercio multilaterales y el retorno del proteccionismo económico, colocando en una situación difícil a México.

En octubre pasado, al presidir el 19 Congreso del Partido Comunista Chino, único partido en esa nación, el presidente Xi Jinping anunció una reforma económica basada en cuatro ejes: reducir la sobrecapacidad de sus industrias, aminorar la desigualdad de ingresos en la población, reducir la contaminación y eliminar la corrupción.

Para hacer de China “un país socialista moderno”, el presidente anunció una mayor flexibilización en el ingreso de la inversión extranjera, facilitar su acceso al sector de servicios, profundizar las reformas en el sistema cambiario y financiero, al tiempo que se permitirá la participación de capital privado en las empresas públicas, sin venderlas o privatizarlas.

Con una mano de obra calificada, disciplinada, con bajos salarios y sin sindicatos y huelgas, el capital extranjero encontrará en esta “nueva era” china un destino seguro y rentable.

La propuesta de Xi Jinping no es nada nuevo. Continúa con el programa de 60 puntos para “modernizar la economía” que se presentó hace cinco años y con el espíritu reformista de Deng Xiao Ping, que ha reportado crecimientos sostenidos del PIB de hasta 10% anual, una clase media de 400 millones de chinos, y el principal acreedor o tenedor de bonos de deuda de Estados Unidos y Europa.

El lado oscuro de este milagro económico socialista lo sabemos todos: políticamente irreformable, violación sistemática de derechos humanos, la principal chimenea de contaminación en el planeta y corrupción galopante. Sobre estos dos últimos rubros, el gobierno de Pekín ya está buscando correcciones, pero donde no están dispuestos a ceder es en la reforma política y en derechos humanos. El déficit de democracia que reporta China es lo que impide considerarlo un modelo a seguir.

Del otro lado del planeta, el gobierno norteamericano se prepara para revisar y dar por terminado el largo ciclo de los tratados comerciales multilaterales. Busca regresar literalmente a los años ochenta del siglo pasado, donde el ombligo territorial del capitalismo eran los Estados Unidos. Hoy el mundo tiene varios polos económicos actuantes y la administración Trump busca hacerlo de la peor manera: regresando al pasado.

Los planteamientos para renegociar el TLC con México son mayormente proteccionistas que librecambistas. Busca privilegios para la industria automotriz, esperando resucitar el corredor del acero en EUA (la base electoral de su triunfo), así como ventajas a los productores agropecuarios, eliminar los paneles binacionales de solución de controversias y endurecer las medidas migratorias en general. El muro es la expresión gráfica de este proteccionismo aislacionista que promueve actualmente la Casa Blanca, al estilo del socialismo de la guerra fría.

¿Qué puede hacer México? Diversificar sus relaciones comerciales, tanto con economías nacionales semejantes, especialmente las latinoamericanas, como con los nuevos centros de poder económico en el planeta, especialmente China. Cortar el cordón de la dependencia no es fácil. Pero en el mundo al revés que vivimos el cordón puede terminar por asfixiar a México.

 

ricardomonreala@yahoo.com.mx

Twitter: @RicardoMonrealA