El puntero solitario

Ene 01 1970

Entiendo que actualmente se vive en México el fin de un régimen político que se agotó, y la ciudadanía —de manera pacífica— está por liquidarlo. A nadie debe preocupar el arribo de una nueva era incluso, ni siquiera, al club de gente de negocios que apuesta su resto por cerrar el paso a Andrés Manuel López Obrador, usando recursos económicos, guerra sucia, y reciclando la basura mediática con la que se ha denostado durante más de dos décadas al ahora puntero solitario en todas las encuestas.

 

Todos ellos deberían estar tranquilos y despreocupados, pues el gobierno que viene no será vengativo ni acudirá a la persecución política, como sí ha ocurrido en los regímenes del PRIAN, que buscaron o inventaron expedientes para diseñar chivos expiatorios con los que pretendían legitimar la presidencia de la República.

AMLO no necesita recurrir a ese tipo de prácticas tan socorridas por el viejo régimen que está punto de concluir. En estos últimos días he conversado con distintas personalidades de los sectores económicos y políticos, entre quienes existe un denominador común: consideran inevitable el triunfo de Andrés Manuel, pero mantienen el temor o el escepticismo normal que se presenta en todas las transiciones.

Lo que sostengo y afirmo con certeza es que empresarias, empresarios e inversionistas estarán mejor que nunca; se acabarán la corrupción, los “moches” y los diezmos para la obtención de contratos y autorizaciones para obra pública y prestación de servicios, o para la proveeduría de bienes y servicios; se terminará con los traficantes de influencias que gozan de acceso al poder público para obtener favores y privilegios ilegales e inmorales.

Y quienes en sus negocios no tienen relación con el gobierno se verán protegidos en su inversión y en sus posesiones y propiedades; no habrá medidas autoritarias que contravengan la ley, y el Estado de derecho será escrupulosamente observado.

A lo anterior puedo añadir un argumento contundente, de peso ético y moral, que salió a la luz pública recientemente y que garantiza un ejercicio de gobierno honesto y eficaz: la forma de vida y la interacción familiar del candidato López Obrador, las cuales demuestran que no es un hombre ambicioso, que su aspiración no es el dinero, ni la acumulación de riquezas, pero que tampoco es esclavo o rehén de pasiones o alteraciones de ánimo.

A los empresarios e inversionistas, nacionales o extranjeros, no los va a amenazar, no va a condicionar sus contratos a cambio de un porcentaje o incluso acciones en sus empresas. AMLO está decidido a ser el presidente que la historia califique y juzgue entre los mejores; auténticamente le interesa el pueblo y le molesta el agravio en contra de las personas desposeídas y humildes.

El puntero solitario se encuentra en la antesala de hacer historia, de liquidar al viejo régimen, de sepultar el statu quo, de lograr la hazaña, venciendo —a la buena— a todo un sistema de intereses y privilegios que se enquistó desde hace décadas en Los Pinos y en todas las esferas del poder público. Y lo ha logrado con el respaldo auténticamente popular más importante de los tiempos recientes, resultado de una lucha inmensa y ardua para todas y todos los participantes de este gran movimiento social al que él dio forma y vida.