El vencedor

Ene 01 1970

Faltan tres meses para la elección presidencial y en el hipotético y remoto caso de que no llegase a ganar Andrés Manuel López Obrador (las apuestas están 79 a favor, 21 en contra), el candidato de Morena ya es desde ahora el vencedor de esta elección. 

 

Venció la estigmatización de una campaña negra de 12 años (2005-2017) que buscó exhibirlo como un izquierdista radical, mesiánico y un peligro para México.

Sin embargo, hoy ese estigma está superado. Lo que se veía como necedad, hoy se considera necesidad. Quienes veían una obsesión en el dirigente que buscaba ser nuevamente candidato, hoy lo ven como una vocación. Mientras que la resistencia se convirtió en persistencia, y el populismo, en popularidad.

Venció al bipartidismo conservador que pretendía reducir a sólo dos grandes partidos el pluralismo, el regionalismo y la diversidad política del país.

Hoy, las regiones bipartidistas del país (esencialmente la franja fronteriza y el centro-norte de México) están volteando hacia AMLO y Morena, como nunca aconteció en las dos contiendas presidenciales anteriores.

Si el norte le dio la espalda a AMLO en 2006, hoy le puede dar una victoria contundente.

Él venció también la profecía de que ningún político de izquierda tenía futuro fuera del PRD. Ninguno de los presidentes y candidatos del que fuera el principal partido izquierdista se encuentra ya en sus filas: desde Cuauhtémoc Cárdenas hasta Porfirio Muñoz Ledo, pasando por el propio AMLO. Hoy, Morena, con sólo tres años de vida, ha logrado más que cualquier otra agrupación de izquierda en las últimas tres décadas.

La clave es el liderazgo político y social de AMLO. Pero también un trabajo pie a tierra, a ras de suelo, que le ha permitido a Morena tener poco más de 60 mil comités seccionales en todo el país (el 88 % de las 68 mil secciones electorales). Esto demuestra que las anteriores agrupaciones de izquierda no trabajaron el territorio o fueron rebasadas por la burocracia político-partidista.

Venció la conseja política hankista, practicada a pie juntillas por el PRI y el PAN, de “político pobre, pobre político”. AMLO no es pobre: su nivel de ingreso declarado (50 mil pesos al mes) lo ubica en el decil medio-bajo de la población mexicana. Es rico, comparado con 6 de cada 10 trabajadores nacionales que ganan hasta 12 mil pesos mensuales. Pero es infinitamente pobre, comparado con los políticos que han tenido los mismos cargos que él o se han enriquecido al amparo de sus carreras públicas.

AMLO es un político mexicano que ha sostenido su carrera sin dinero privado y sin apoyarse en el presupuesto de algún gobierno. Hace 13 años dejó la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, y sin inversiones multimillonarias en medios, únicamente recorriendo los fines de semana las plazas públicas del país, está a un paso de alcanzar la Presidencia de la República.

En 20 años de financiamiento público, el PRI ha recibido poco más de 20 mil millones de pesos; el PAN, 18 mil mdp y el PRD, 9 mil mdp. Morena, en tres años, recibió 900 mdp, de los cuales la mitad ha sido donada para crear universidades públicas, y la mitad de las prerrogativas del año pasado fueron para los damnificados del 19-S. Esto quiere decir que AMLO podría ganar la Presidencia, gastando únicamente 300 mdp. Muy lejos de los 1, 200 mdp que le computaron a Vicente Fox y de los casi 4 mil mdp que se le contabilizaron a Peña Nieto.

Y venció también un infarto, que para muchos otros hubiese significado un retiro anticipado.

Por todo esto, con independencia de los resultados del próximo 1 de julio, AMLO es desde ahora el vencedor de esta contienda.

 

ricardomonreala@yahoo.com.mx 

Twitter: @RicardoMonrealA