Fox y Peña

05 Jun 2012

 Una de las virtudes de las elecciones competidas es que obliga a los actores a tomar definiciones de fondo. Caen las máscaras y, finalmente, la verdad sale a flote.

El llamado de Vicente Fox a votar por el candidato del PRI significa el entierro de la transición democrática que experimentó el país hace doce años: una alternancia ficticia, ilusoria, falsa, carente de sustancia social y económica.

Para algunos sectores del PAN, la transición democrática se consumó en el año 2000, cuando el PRI perdió la Presidencia de la República por primera vez, a manos de Vicente Fox. Desde la campaña, éste planteaba que “si sacamos al PRI de Palacio Nacional, los demás cambios llegarán por sí solos”. El PRI salió de Palacio pero Fox nunca trajo los cambios de fondo.

Desde entonces, otros sectores hemos sostenido una postura distinta, señalando que la alternancia política es sólo el inicio de cambios más profundos en la economía, la sociedad, la política y la cultura. Una alternancia política  que no se traduce en mejores niveles de vida para la población (por ejemplo, más y mejor empleo, seguridad, justicia, educación y salud), es una alternancia fallida, un cambio muy corto de miras y carente de contenido. Una alternancia sin alternativa.

La alianza de Fox con Peña Nieto, además de ser una traición artera al PAN y a su candidata presidencial, es la mejor demostración de que nuestra democracia política tiene un vicio de origen: permite el cambio de siglas, pero no el cambio de rumbo económico y social. Es decir, la alternancia de corte conservador que en su momento diseñaron los dos últimos expresidentes priistas, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo,  permitía el cambio de forma pero no de fondo, promovía el bipartidismo PRI-PAN, alentó la partidocracia como único mecanismo de representación político-electoral de los ciudadanos, a la vez que impulsó la exclusión y limitación de los partidos que planteaban un cambio de fondo en la política económica imperante.

Liberales en lo político, pero ortodoxos en lo económico, así transcurrieron los gobiernos de los últimos 24 años: los dos últimos del PRI y los dos primeros del PAN, con una alternancia a imagen y semejanza de la derecha mexicana, conocida como PRIAN.

Hace seis años, el candidato de la izquierda, AMLO, desafío este esquema bipartidista conservador. En cuanto estuvo en posibilidades reales de obtener el poder público, se convirtió en automático para la derecha en “un peligro para México”, siendo Vicente Fox quien orquestó desde la Presidencia, de manera ilegal e ilícita, una “campaña negra” y un fraude de cuarta generación, donde la “elección de Estado” que practicaba el PRI fue sustituida por una “elección de poderes fácticos”.

Hoy que AMLO vuelve a estar en posibilidades de ganar la elección presidencial, Vicente Fox busca refugiarse en el candidato del PRI. Sabe que allí puede encontrar lo que nunca tendrá con López Obrador: complacencia, complicidad, apoyos económicos para sostener ese elefante blanco que es el “Centro Fox” (donde hay que pagar hasta para sentarse a tomar un café con el expresidente) y, de manera destacada, impunidad.

Pero no todos en el PAN son Vicente Fox. Hay un panismo auténticamente democrático, humanista, no oportunista, que puede hacer causa común con el planteamiento de un cambio verdadero para el país. Los puntos de coincidencia son el combate a la corrupción, la transparencia en el manejo de los recursos públicos, el reforzamiento de los derechos humanos, el fomento de la competencia económica, el saneamiento del poder judicial, la reforma educativa, una economía de mercado con responsabilidad social, el apoyo a la pequeña y mediana empresa, la democratización de los medios de comunicación y mayor poder político de los ciudadanos en la gestión del poder público.

En el objetivo común de promover un cambio verdadero en México, AMLO, no Peña Nieto, es la mejor opción para el panismo originario, humanista y democrático. Son más los puntos de coincidencia que los de divergencia. Si el panismo auténtico cree que el pecado mayor de AMLO es ser populista, habrá que recordar que el populismo tiene cura y contrapeso: la democracia liberal representativa y directa; mientras que la corrupción endémica del PRI no se cura ni en un siglo.

Hoy que cada vez está más claro de qué se trata la próxima elección, el panismo está llamado a jugar un papel fundamental: en sus manos está si el país experimenta una regresión, es decir, un cambia hacia atrás; o si México avanza hacia el cambia verdadero y así disponer de un mejor futuro.