Frontera y migración: el efecto sándwich

Ene 01 1970

En materia migratoria hay que cambiar el agrio sándwich de reclamos, amenazas y amagos tripartitas, por el plato combinado de empleo, inversiones y desarrollo.

 

De las cinco fronteras que tiene México (tres marítimas y dos continentales), la norte es la más desafiante, en todos los términos: históricos, geopolíticos, culturales, económicos, sociodemográficos, ambientales, y de seguridad nacional y pública.

Es la frontera con el mayor número de cruces legales en el mundo (más de 50 millones anuales), el comercio legal representa un porcentaje considerable de la recaudación fiscal de ambos países y el intercambio de bienes y servicios es el mayor en todo el continente americano.

Pero también lo ilegal transita con fuerza en la frontera norte: tráfico de armas, drogas, personas y dinero, entre otros muchos rubros ilícitos.

Y es esto último siempre ha causado problemas y dolores de cabeza a los dirigentes de ambos gobiernos y a sus respectivos congresos, responsables por ley de revisar y avalar la política exterior de sus respectivas naciones.

En la última década, a la dinámica migratoria entre México y EUA se ha sumado un tercer elemento, la migración indocumentada centroamericana, especialmente la proveniente del llamado “triángulo del norte” (Guatemala, Honduras y El Salvador), que ha provocado un “efecto sándwich” para México. Mientras el gobierno norteamericano presiona al cierre de la frontera norte de nuestro país, los gobiernos centroamericanos se acogen a la política de “dejar hacer, dejar pasar” de sus respectivos connacionales migrantes, quienes literalmente huyen de la violencia y la pobreza de sus naciones, aprovechando la porosidad de la frontera sur de México (alrededor de 130 cruces fronterizos informales entre éste y Guatemala-Belice).

Desde el tiempo de Obama, el planteamiento de Washington (Casa Blanca + Capitolio) ha sido que México le maquile la seguridad fronteriza desde el Suchiate hasta el Río Bravo. Lo mismo con apoyos financieros y tecnológicos dentro de la Iniciativa Mérida o adoptando abiertamente políticas de un “tercer país seguro”.

En la actualidad, sin embargo, el “efecto sándwich” está en su máxima presión: el vecino del norte amenaza con “cerrar la maldita frontera”, mientras que el gobierno de Honduras protesta porque el gobierno mexicano “exagera” sobre la existencia de “caravanas madre”, deliberadamente organizadas para acompañar a miles de migrantes centroamericanos hasta la frontera con Estados Unidos de América.

Es importante que México no se deje presionar, amenazar ni maltratar por ninguno de los dos extremos. Debe actuar con prudencia, pero también con firmeza. Que ninguno de sus vecinos al norte y al sur confundan la amabilidad con la debilidad, o la precaución con la rendición.

La cooperación y la coordinación para atender la migración nace de la comprensión integral de este fenómeno global. El muro que se necesita construir en la frontera sur de México es de empleos e inversiones, no de barricadas, púas o bayonetas. El Tren Maya y el Corredor Transístmico apuntan en la dirección correcta. En materia migratoria hay que cambiar el agrio sándwich de reclamos, amenazas y amagos tripartitas, por el plato combinado de empleo, inversiones y desarrollo.

 

ricardomonreala@yahoo.com.mx

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