El futuro de la CDMX: un asunto de valores

Ene 01 1970

En los últimos días, a través de los medios de comunicación, se me ha pedido fijar postura respecto a invitaciones y pronunciamientos de dirigentes de partidos políticos, sobre la candidatura a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.

 

Por ello, quiero expresar mi posición con claridad:

En principio, quiero agradecer a las dirigencias de las distintas organizaciones políticas y ciudadanas su deferencia, al considerarme como una opción para gobernar nuestra ciudad.

Lo cortés no quita lo opositor, ni debilita nuestra convicción.

Sin embargo, debo decir que el sismo del 19 de septiembre modificó el tablero político.

Estimo que los problemas que tenía la Ciudad de México antes del sismo, más los que se han generado luego de él, son tan graves, que se requiere de acciones conjuntas y coordinadas.

El gobernador que surja en el 2018 tendrá que ser el mandatario de la reconstrucción, pero también de la reconciliación. Por eso todos los actores son importantes en este nuevo proceso.

La ciudad requiere de una dinámica de inclusión; ya no pueden sostenerse gobiernos monocromáticos o monopartidistas: es tan profundo el daño que estamos padeciendo, que se requiere de la participación general para poder restañar, reconstruir y reconciliar a la sociedad.

Tenemos que darnos cuenta de que el terremoto despertó una nueva conciencia ciudadana y desató una gran energía y una fuerza indiscutibles, particularmente de nuestra juventud y de la sociedad civil.

La Ciudad de México fue sacudida en sus motivaciones políticas. Su futuro ya no es asunto de colores: es asunto de valores. No es asunto de facciones: es asunto de unidad y de congruencia; de integración y de poner por encima el interés general.

Esto es lo que me mantiene aún en la atención de las secuelas del sismo; sin embargo, el calendario electoral tiene sus tiempos inexorables, y estoy reflexionando y valorando sobre los pasos que debemos seguir, incluyendo las propuestas que nos han hecho llegar.

En este momento, en el ánimo de la ciudad y su población aún no aparece el tema de la política electoral. Y estamos actuando de manera congruente.

Les confieso que son muchos los elementos que se deben analizar y ponderar: la historia, los principios, las convicciones y la dignidad, porque lo que está en juego es el futuro de la Ciudad de México y de la patria.

Mantengo abierta y firme mi aspiración de gobernar la ciudad, aunque estoy consciente de que el 2018 será difícil; que el proceso previo de definición política será complejo, y que sin duda la contienda será polarizada.

Requeriremos de mucha tolerancia, prudencia y, sobre todo, de acuerdos fundamentales.

El sismo nos alteró a todos, y la sacudida que sufrió la tierra también repercutió en la clase política y gobernante, pero especialmente en nuestro pensamiento y en nuestro carácter.

Afortunadamente, una nueva sociedad emergió y está de pie.