Gobierno rico, ciudadanos pobres

14 Nov 2013

El Presupuesto de Egresos de la Federación 2014, tiene dos grandes deficiencias. Uno, el origen de estos recursos es insano. Dos, la distribución de los mismos es ilegítima.

1)   Origen insano: el 14% de los cuatro billones 489 mil millones de pesos del próximo presupuesto tendrán su origen en la deuda pública. Desde hace 25 años no se veía este monto de endeudamiento de hasta 600 mil millones de pesos en solo un año.

No hay debemos olvidar que así labró Humberto Moreira la debacle de Coahuila, endeudando en los dos últimos años de su gobierno, lo de las dos décadas anteriores. Aquí, el gobierno federal, en su segundo año de gobierno se endeuda en un porcentaje tal que no se veía desde hace un cuarto de siglo.

Es insano, porque el próximo presupuesto de egresos proviene de una reforma fiscal confiscatoria y recaudatoria, no de una reforma hacendaria redistributiva, integral y competitiva.

Justo cuando la economía de las empresas y de las familias mexicanas requiere de una reactivación y de un aligeramiento de sus cargas tributarias, les llega de parte del Gobierno y del Congreso una rueda de molino al cuello, que hará que el país transite de la desaceleración gradual a la depresión acelerada.

Este presupuesto también es insano porque el próximo año tendremos un gobierno rico y dispendioso, en medio de una sociedad empobrecida y de un sector empresarial precarizado.

En efecto, el gobierno tendrá, en términos reales, casi un 10% más de recursos que el presente año. Este margen de “ganancia” o “utilidad”, sólo puede darse el lujo de reportarlo el gobierno y un puñado de empresas privadas monopólicas o dominantes. El conjunto de la economía del país crecerá en el mejor de los escenarios un 1%, mientras que el poder de compra de los trabajadores y de las familias mexicanas habrá sufrido una merma del 13% en promedio.

¿Qué significa esto? Que el próximo año el gobierno estará en Jauja, mientras que el país entrará en crisis de inseguridad, desempleo y carestía. No pasarán ni 30 días del próximo año para ver las consecuencias letales de esta reforma. La cuesta de enero del 2014 será permanente a lo largo del año.

2)   Distribución arbitraria: Si el origen de los nuevos recursos es insano, el destino de los mismos es ilegítimo. Su principal fuente de ilegitimidad es la arbitrariedad y discrecionalidad con la que se gastará buena parte del dinero de los contribuyentes.

Por un lado están las partidas inamovibles o irreductibles, destinadas a programas de educación, salud o infraestructura ya legitimados por ley o por su permanencia institucional.

Pero tenemos también la creación de nuevos programas y partidas cuya creación parecen seguir aquella máxima que hizo famosa el recientemente fallecido líder petrolero, Joaquín Hernández Galicia, La Quina, cuando señalaba que en materia de presupuesto la única ley aplicable en México era una: “el que no chilla, no mama”.

Y lo que se ha hecho con el presupuesto de egresos del 2014 es crear la mayor ubre fiscal que se tenga memoria para que diversos grupos políticos, de presión o de interés, de muy diversos colores y sabores, ahoguen su llanto el próximo año… Pero la mayor parte de la sociedad o de la ciudadanía, no puede decirse que se encuentre representada, ni mucho menos beneficiada, con este diseño presupuestal que hoy se va a convalidar.

Una muestra de la discrecionalidad lo demuestra el medio centenar de programas federales que desaparecerán el próximo año al no asignárseles recursos. La mayor parte de ellos están ligados al campo, a la cultura, a las comunidades indígenas y hasta a la educación, que se supone es prioridad en esta administración. Hablamos de 57 programas que suman 74 mil millones de pesos, que serán reasignados a otras partidas. Una de dos: los afectados por estos recortes, o no tienen representantes dignos en este recinto legislativo, o no lloraron lo suficientemente fuerte para ser escuchados por quienes se suponen somos sus representantes.

Otra fuente de ilegitimidad es la desproporción entre el esfuerzo fiscal que se impone a la sociedad, y el alto costo administrativo y operativo del gobierno. El gobierno dice estar a favor de la austeridad. Pero ésta no se observa en el proyecto de presupuesto que hoy se vota. Por ejemplo, los gastos de Presidencia y las prestaciones a más de 15 mil altos mandos del gobierno no sufren merma alguna. Al contrario, se amplían para Presidencia en el rubro de comunicación social y se ensanchan en el rubro de transportación aérea.

Por ejemplo, el próximo mes la Presidencia recibirá seis nuevos helicópteros para el traslado de funcionarios, con un costo de casi 800 millones de pesos, mientras que el próximo año estaría recibiendo al nuevo avión presidencial, debidamente acondicionado para viajes trasatlánticos, con un costo cercano a los tres mil 900 millones de pesos. Hablamos de 4 mil 700 millones de pesos únicamente en siete aeronaves: el equivalente a la cancelación del Programa de Cultura en las Entidades Federativa. Esta flota aérea presidencial no la tiene ni el Emperador Akihito de Japón.

El costo del gobierno para la sociedad se vuelve agraviante, cuando se constata que a cambio de las nuevas contribuciones no existe como contraprestación del gobierno alguna política pública de mayor transparencia, rendición de cuentas y combate a la corrupción.

Pero la ilegitimidad mayor proviene del supuesto sentido social de este presupuesto de egresos. Desde la creación del programa Solidaridad en el gobierno de Salinas de Gortari, cada gobierno ha buscado dejar su huella en el gasto social. Y, en efecto, la han dejado. Es una huella indeleble: cada vez hay más programas sociales contra la pobreza que, paradójicamente, terminan creando más pobres.

La Cruzada Nacional contra el Hambre huele al programa Oportunidades de Vicente Fox, camina como el Progresa de Ernesto Zedillo y pretende gastar como el Pronasol de Salinas de Gortari. Dice combatir la pobreza, pero lo hace con la visión más miserable de la política, donde se intercambian votos por programas sociales, haciendo de esta transacción toda una subcultura y práctica política. Su inspiración no es social, sino eminentemente electoral. No genera movilidad ni productividad social, sino clientelismo y corporativismo político.

La Cruzada Nacional contra el Hambre manejará, más que combatir el hambre de millones de mexicanos, es ante todo una Cruzada para saciar el hambre de votos, de popularidad y de legitimidad de un gobierno que por comprar la Presidencia de la República, hoy se ve obligado a vender el petróleo a empresas extranjeras, a sacrificar el ingreso de los ciudadanos para engrosar las finanzas públicas, y a hipotecar el futuro de todos los mexicanos.