La corrupción, en la agenda de todos

Ene 01 1970

Abatir la corrupción es una meta que han tenido la gran mayoría de los gobiernos del mundo – aún en Estados donde la corrupción es menos evidente, erradicarla es una vocación común. Es común también, porque si todos cooperaran para identificar, detener y desarticular a los grupos que mueven capitales derivados de la corrupción, sería imposible lucrar con ésta. Pero más allá de ésta noble lógica – ¿de qué nos sirve cooperar para erradicar la corrupción?

Es bien sabido que el país pierde cientos de millones de pesos al año en temas relacionados a la corrupción – dinero que realmente debería ser destinado a servicios públicos, programas sociales o en general, al buen funcionamiento del Estado. Pero la corrupción engendra problemas  que van más allá del país; según Shang-Jin Wei, ex Presidente del Banco Asiático de Desarrollo, desde el final de la Guerra Fría la interdependencia económica provocada por la globalización, ha implicado que los costos de la corrupción a nivel global sean más notorios.

En noviembre del año pasado el Banco Interamericano de Desarrollo publicó un Informe del Grupo Asesor de Expertos en Anticorrupción, Transparencia e Integridad para América Latina y el Caribe. El documento destaca que los movimientos aislacionistas de la actualidad, no favorecen la cooperación en materia de combate a la corrupción, pero no obstante insiste en que es imperativo establecer reglas regionales y globales comunes, que imposibiliten el flujo ilícito de capitales.

Es necesario cambiar actitudes culturales, fortalecer a las instituciones y su ejercicio del Estado de derecho, pero no puede perderse de vista la importancia de la comunidad internacional. Cerrarle espacios a la corrupción es una labor titánica, que exhorta a todos a ser partícipes.