La insólita reunión del 17

Ene 01 1970

El pasado 17 de mayo, en las oficinas de la Presidencia de la República, en Los Pinos, hubo una reunión de empresarios con el titular del Poder Ejecutivo federal, Enrique Peña Nieto, encabezada por Alejandro Ramírez y por Claudio X. González, del Consejo Mexicano de Negocios, y una decena más; allí se trataron temas de la mayor relevancia.

 

Como acostumbra este grupo, disfrazando su interés personal y de negocios con el supuesto interés nacional, le planteó al Presidente que, de acuerdo con la responsabilidad política e histórica de éste, no debía permitir que llegara Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia, tildándolo de populista y de loco y que, por tanto —respetando las diferencias que tuviera con el candidato del Frente, Ricardo Anaya— debía impulsar la declinación del candidato del PRI-PVEM y Panal, a favor del frentista.

Este grupo de empresarios traía consigo encuestas elaboradas por mercadólogos españoles, que supuestamente garantizaban que la declinación acercaría la posibilidad del triunfo al candidato Ricardo Anaya.

La osadía con la que suele actuar este grupo de representantes del poder económico fue abruptamente interrumpida por el titular del Ejecutivo federal, al responderles que aceptar su propuesta significaría extinguir al PRI, por lo que no accedería. En cambio, les replicó que José Antonio Meade mantendría su candidatura, y que les sugería que lo apoyaran para poder alcanzar al puntero, pero que si no, les asistía su derecho de respaldar a cualquier otro candidato. Además, les recordó haber sido agraviado de manera personal por el aspirante preferido de este grupo.

La contrarréplica de los empresarios fue que para la final de la contienda electoral sería mejor si sólo se mantuvieran dos candidatos: el del Frente, y AMLO. Y que al resto se le hiciera declinar. Insistieron y justificaron su propuesta, manifestando entender las diferencias que tenía el Presidente con Ricardo Anaya, y señalando que era más importante dar continuidad al esquema de gobierno implementado en los últimos años; que no se pusiera en riesgo lo que habían avanzado en la construcción de las reformas estructurales con él diseñadas, y que se continuara con la misma política económica que hasta ahora, a juicio de ellos, les había dado resultado. Su argumento no fructificó.

Desde aquel día, este conjunto de empresarios y otros más se han reagrupado para reciclar la guerra sucia, la descalificación y el llamado a sus empleados para denostar y atacar a Andrés Manuel López Obrador, con lo que al mismo tiempo generan temor entre la sociedad; mientras que la Fepade, el INE y los órganos institucionales del Estado mantienen un silencio cómplice. Pero estos hombres de negocios también han enderezado su crítica hacia Enrique Peña Nieto, acusándolo de traición y de ser timorato.

Tiene razón López Obrador al señalar que esta minoría de empresarios que obstruye la democracia actúa como si fueran amos y señores de México; pero no hay delito perfecto, no hay delincuente eternamente impune, ¿por qué no aceptar que las condiciones del país exigen un cambio verdadero?, ¿por qué mantener este clima de confrontación con el puntero?, ¿por qué aferrarse a un régimen de privilegios y de corrupción? Esta reunión desarrollada en oficinas públicas nos muestra el carácter de un grupo económico acostumbrado a doblegar al poder público.

La del día 17 de mayo fue una plática larga, de varias horas de duración, pero no pudieron convencer al Presidente de la República de favorecer la declinación de su candidato, José Antonio Meade, en favor de Ricardo Anaya. Esto fue lo que sucedió aquella tarde, tres días antes del segundo debate, pensando y dando por hecho que de éste también resultaría ganador el candidato del PAN. No fue así, sino que empezó su estancamiento y su declive. Ahora tenemos a un López Obrador que supera los 50 puntos, no hay forma de detenerlo, aunque la estrategia y la guerra sucia en su contra, continúan.

Es un error de estos actores económicos persistir en su interés y obsesión de frenar a quien ya es el virtual Presidente de la República; la elección será ganada de manera inobjetable por el candidato de Morena-PT-PES. Sólo un golpe de Estado provocaría que no fuera así, con indecibles consecuencias para el país.

 

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