La navidad 1675

Ene 01 1970

Hoy quisiera obsequiar a los lectores de este espacio una historia sobre la navidad, su origen y evolución, obtenida de diversas investigaciones difundidas por Internet, que por estas fechas nos recrean y recuerdan una de las tradiciones más vivas de nuestra cultura y civilización occidental.

El 25 de diciembre (solsticio de invierno en el hemisferio norte) se festeja la Navidad en toda la cristiandad (excepto en la iglesia ortodoxa). La Navidad es el nacimiento de Cristo. Veamos por qué y desde cuándo se festeja el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre.

Actualmente, la Navidad es una fiesta más profana que religiosa. Es tiempo de gran actividad comercial e intercambio de regalos, reuniones y comidas familiares. En Occidente se celebra la Misa del gallo en iglesias y catedrales. En los países de América Latina, de arraigada tradición católica, se celebra especialmente la Nochebuena (24 de diciembre) con una cena familiar para la que se elaboran una diversidad de platos, postres y bebidas tradicionales. También se acostumbra asistir a la Misa del gallo y celebrar con cohetes y fuegos artificiales. En México, la Nochebuena constituye la culminación de una celebración que dura nueve días a la que se llama “las posadas”. Éstas empiezan el 16 de diciembre y conmemoran el viaje de María y José en su búsqueda de alojamiento antes del nacimiento de Jesús.

En el siglo II de nuestra era (100 años después del nacimiento de Cristo), los cristianos sólo conmemoraban la Pascua de Resurrección, ya que consideraban irrelevante el momento del nacimiento de Jesús y, además, desconocían absolutamente cuándo pudo haber acontecido.

Durante los siglos siguientes, al comenzar a aflorar el deseo de celebrar el natalicio de Jesús de una forma clara y diferenciada, algunos teólogos, basándose en los textos de los Evangelios, propusieron datarlo en fechas tan dispares como el 6 y 10 de enero, el 25 de marzo, el 15 y 20 de abril, el 20 y 25 de mayo y algunas otras. Pero el papa Fabián (236-250) decidió cortar por lo sano tanta especulación y calificó de sacrílegos a quienes intentaron determinar la fecha del nacimiento del nazareno. La Iglesia armenia fijo el nacimiento de Cristo el 6 de enero, mientras otras iglesias orientales, egipcios, griegos y etíopes propusieron fijar el natalicio en el día 8 de enero (“Historia de la Navidad”, www.zonagratuita.com).

Ahora bien, como fecha oficial, la conmemoración del nacimiento de Jesús se festejó por primera vez el 25 de diciembre del año 336 de nuestra era, en Roma. Es decir, la celebración cumple 1675 años (aunque otras versiones adjudican la “invención” de la navidad cristiana al Papa Liberio en el año 354, con el fin de proscribir las fiestas paganas de invierno).

No se tiene la certeza de por qué se eligió el día 25 diciembre como fecha para recordar el nacimiento del “Niño Dios”. La explicación más aceptada entre los expertos es que los cristianos de aquella época se propusieron reemplazar la fiesta pagana conocida como “natalis solis invicti” (festival del sol invicto), que correspondía precisamente al solsticio de invierno en el Hemisferio Norte, día en el que empieza a aumentar la duración de la luz y el sol sube más alto sobre el horizonte.

Al inicio, esta fecha no alcanzó la universalidad que hoy tiene. Por ejemplo, hasta el siglo V la Iglesia Ortodoxa de Oriente siguió celebrando simultáneamente el nacimiento y el bautismo de Jesús el 6 de enero. Sin embargo, en los siglos posteriores adoptaron la tradición romana y dejaron el 6 de enero para conmemorar exclusivamente el bautismo de Cristo. Hoy día esa fecha está reservada para recordar la llegada a Belén de los Reyes Magos, con sus regalos de oro, incienso y mirra. Actualmente sólo hay una iglesia que conserva la tradición oriental de celebrar el nacimiento de Jesús el 6 de enero, que es la Iglesia Armenia.

El 25 de diciembre se consolidó como fecha de la natividad porque logró ser punto de referencia de otras tradiciones religiosas y cosmogónicas precristianas. Por ejemplo, antiquísimos ritos paganos de origen agrícola relacionados con el origen de la vida, tenían lugar precisamente al comienzo del invierno. El 17 de diciembre, los romanos antes de Cristo celebraban la Saturnalia, una fiesta de regocijo e intercambio de regalos. El 25 de diciembre era también la fiesta de Mitra, Dios persa de la luz, respetado por Diocleciano y que había inspirado a griegos y romanos para crear el culto a Febo y a Apolo.

Otro momento importante de la universalización de la fiesta de Navidad se dio con la llegada de los invasores teutónicos a la Galia, a Inglaterra y a Europa Central. Los ritos germánicos se mezclaron con las costumbres celtas y fueron adoptados en parte por los cristianos, con lo que la Navidad se tornó desde muy temprano una fiesta de comida y bebida abundante, con fuegos, luces y árboles decorados. Después vendría la incorporación de otras prácticas, como dar regalos a los niños y a los pobres, o hacer canciones especiales, para subrayar y diferenciar el “ambiente navideño” de otras fiestas del año. Además, cada pueblo fue adaptando y aportando su propia representación de este acontecimiento.

Por ejemplo, es reconocida y apreciada internacionalmente la tradición mexicana de los nacimientos navideños, posadas y villancicos. Un símbolo del mestizaje mexicano de la navidad es la piñata: un recipiente de barro recubierto de papel de colores y relleno de frutas y dulces de la temporada, como expresión de fertilidad y generosidad, del que sobresalen siete o nueve picos de cartón, que simbolizan la estrella de Belén, de donde cuelgan vistosas caudas hechas de papel. La piñata simbolizaría el vientre maduro (de aquí los nueve meses o picos) del que saldría un nuevo mundo abundante, dadivoso y generoso. Las primeras piñatas datan de 1587 y tuvieron un sentido festivo evangelizador, ya que la temporada navideña cristiana coincidía con las fiestas prehispánicas dedicadas a Huitzilopochtli, dios azteca de la guerra y del sol.

En suma, la Navidad que celebramos el próximo sábado en la noche es el producto de una gran síntesis o sincretismo cultural de antiguas tradiciones grecorromanas, ritos célticos, costumbres germánicas y liturgias de misteriosas religiones orientales, donde el fin principal es representar de manera simbólica, con el nacimiento del niño Dios, una noble aspiración de todos los hombres de todos los tiempos y en todo lugar: vivir en paz, amor y felicidad, consigo mismo y con los demás. ¿Y el Santa Clós, en qué momento aparece en el pesebre del niño Dios? Esa es otra historia de sincretismo, que tiene que ver más con el consumismo y el mercantilismo del mundo contemporáneo, que con la religiosidad y la cultura popular.