La rebatinga del presupuesto 2012

18 Ago 2011

De la misma manera como actuaron los republicanos norteamericanos hace unas semanas con el tema de la deuda del gobierno de Barack Obama, así está actuando ahora el gobierno federal mexicano ante la deuda de los gobiernos estatales del PRI y del PRD. Recíprocamente, de la misma manera como buscaron los demócratas de EU incrementar el gasto social del próximo año fiscal, así los priistas intentan ahora modificar la Ley de Coordinación Fiscal para allegarse más de 70 mil millones de pesos extras.

La explicación de este comportamiento tanto en EU como en México es una: el próximo año habrá elecciones presidenciales en ambos países, y los partidos buscan obtener la mayor tajada presupuestal posible para estimular y movilizar políticamente a sus respectivas clientelas electorales. ¿Y el país y la economía y los ciudadanos de México y EU? Unos y otros pueden esperar, al fin que los partidos en ambas naciones tienen el monopolio o la dominancia de la representación política.

Para unos y otros, para PRI y PAN, el presupuesto no representa en este momento un instrumento para detonar el crecimiento o genera más empleos. Es por todo y ante todo un arma política para golpear, chantajear y dominar al de enfrente. Todo en nombre del bien común o de la justicia social. Además, unos y otros se responsabilizan por adelantado de las consecuencias, reacciones y costos de este secuestro del presupuesto de la nación.

El PAN califica de inmoral “la intentona priista de querer imponer a los mexicanos las irresponsables y quizá hasta ilegales acciones de sus gobernadores”, quienes buscan reformar la Ley de Coordinación Fiscal para obtener recursos extraordinarios que les permitan pagar sus deudas e invertir en infraestructura.

El PRI, a su vez, responsabiliza al gobierno federal del incremento de la deuda pública del país y del crecimiento del gasto corriente de la federación, al crear una de las burocracias más caras del mundo, una “burocracia dorada”, al pasar de 4 mil a 8 mil mandos medios y superiores en la administración pública federal, con sueldos, bonos y prestaciones que rebasan los dos mil millones de pesos.

El manejo del presupuesto federal en un año sucesorio no es importante…, es determinante en el resultado. Un ejemplo. En el 2006, la discrecionalidad y la opacidad en el manejo de los excedentes petroleros por parte de la Federación, permitió a Vicente Fox secar a los estados y municipios no panistas, mientras se abrían partidas extraordinarias en el gasto considerado estratégico para la Presidencia. Tan sólo en el rubro de publicidad, el gobierno de Fox gastó 3 mil millones de pesos más de lo autorizado en ese año sucesorio, mientras que la mayor parte de los programas sociales directos fueron adelantados o ejercidos en más del 60% durante el primer semestre del 2006, y su aliado electoral, el SNTE, recibió por adelantado los fondos de vivienda magisterial y de modernización educativa.

En este sentido, los términos de la disputa presupuestal de las próximas semanas están más que definidos: para el gobierno federal, lo fundamental es cómo secar, achicar y retener las partidas presupuestales de los gobiernos locales identificados con su principal amenaza electoral, el PRI. Para este partido a su vez, lo prioritario es como ampliar, liberar y obtener a tiempo más recursos presupuestales en el primer semestre del próximo año, a fin de llegar caminando, en su posible regreso a Los Pinos.

La disputa presupuestal está resultando de antología, porque uno y otro partido saben lo que se juega. Será como ver a dos gitanos leyéndose las cartas. Algo así como máscara contra cabellera, maña contra transa o “el comal le dice a la olla”. Argumentos técnicos y “políticamente correctos” los habrá de ambas partes. El partido del comal apelará a la estabilidad financiera, al manejo responsable de la deuda y a la austeridad presupuestal, mientras inyectará recursos extraordinarios a sus gobiernos, a sus aliados y a sus programas sociales. El partido de la olla, por su parte, hablará de federalismo fiscal, de evitar la quiebra de gobiernos locales y de reactivar el empleo y el desarrollo regional, mientras entrega a su clientela electoral los apoyos requeridos para movilizarla en tiempo y forma el primer domingo de julio del 2012.

Ni PRI ni PAN están planteando los verdaderos términos del debate presupuestal que necesita el país: un programa contracíclico como lo propone la izquierda o un presupuesto recesivo como pretende la derecha a través de sus expresiones partidistas, PRI y PAN; más recursos a la política fallida de seguridad o mayor presupuesto a la educación superior como lo plantea el PRD; incrementamos las importaciones de gasolina o construimos nuevas refinerías como lo ha planteado López Obrador desde hace años; seguimos pagando 2 puntos del PIB por ese sobreimpuesto que es la corrupción oficial o aplicamos una política pública de combate al mismo, que permitiría ahorrar y dignificar el servicio público, como lo plantea el proyecto alternativo de nación de AMLO; continuamos contratando deuda privada como los Proyectos de Prestación de Servicios (PPS) o reconocemos ya como deuda pública a los Pidiregas, tal como lo ha planteado el Banco Mundial; contratamos más burocracia dorada como lo ha hecho el PAN en una década o recortamos el gasto público federal, estatal y municipal, a través de un programa de austeridad republicana que tienen ya listo PRD, PT y Movimiento Ciudadano (antes Convergencia); seguimos subsidiando a los agroproductores extranjeros como lo ha hecho el PRIAN, desde Carlos Salinas hasta Felipe Calderón, o ampliamos la cobertura de los productores nacionales como exigen las organizaciones independientes de productores; en fin, nada de esto aparece en la perspectiva electorera de PRI y PAN, centrados en cómo doblegar, maniatar y hacer caer al de enfrente.

Es falso que no haya otro camino para utilizar el presupuesto de la federación como un poderoso motor de cambio, en lugar de la politización y partidización que en EU y México han hecho republicanos y demócratas de un lado, y los panistas y priistas del otro. “Sí hay de otra”, y ese es el camino alternativo que la izquierda mexicana habrá de proponer y contrastar en la próxima contienda presidencial.