LO BUENO, LO MALO Y LO FEO DEL 2017

Ene 01 1970

Este México bronco es el que todos debemos observar de cerca, para evitar que en el próximo año electoral cabalgue con fuerza.

 

Lo bueno: el puño alzado de septiembre, la respuesta de la sociedad civil frente a los sismos de ese mes. La probabilidad de que volviera a temblar un 19 de septiembre, como ocurrió en 1985, con una magnitud igual o superior a 7 grados Richter era de 5%. En cambio, la probabilidad de que la sociedad civil se pusiera al frente de la emergencia y marcara la pauta al gobierno, era desconocida. Como ocurrió 32 años antes, los jóvenes y las asociaciones de auxilio y rescate ciudadano dieron la muestra de lo que es capaz la sociedad civil organizada y movilizada. Un nuevo término se adueñó de las políticas públicas de reconstrucción en la CDMX y en el país: resiliencia, la capacidad de responder y reponerse lo más pronto posible a un evento traumático como es un desastre natural. Está por verse si los gobiernos, sin distinción de colores y banderas, asimilan la lección.

Lo malo: la vulnerabilidad económica. Dos bombas de tiempo se activaron en el año que está por terminar. La deuda pública y la dependencia (no integración) de México respecto a Estados Unidos de América por la revisión del TLCAN y la reforma fiscal de Trump. Los dos últimos gobiernos federales (Calderón, PAN y Peña Nieto, PRI: el PRIAN), elevaron la deuda de 1.7 billones de pesos a 9 billones (Calderón la incrementó 3.5 bdp y Peña, 3.8 bdp). Este año se presupuestaron 600 mmdp sólo para el pago de intereses. El próximo presidente de México deberá buscar una renegociación de la misma, si quiere obtener recursos frescos y no camisas fiscales de fuerza.

Las otras tenazas que aprietan a nuestra economía son la renegociación del TLCAN y la reforma fiscal de Trump, que implicará una reducción importante de impuestos con el fin de repatriar un mínimo de 400 mil millones de dólares. Menos comercio hacia Estados Unidos y menos inversión norteamericana en México, dos de los principales motores de nuestra economía neocolonial, provocarán cambios inesperados en la economía mexicana, como voltear hacia el mercado interno, vincularse más a otros bloques económicos como Chinindia, la Unión Europea y Asia-Japón, además de una presión para reducir el ISR.

Lo feo: la violencia no cesa. Hubo al menos tres manifestaciones del México bronco en 2017. El México de los saqueos, los bloqueos y la protesta callejera por el gasolinazo de inicio de año. El México de la ejecuciones y homicidios violentos que tuvo un repunte significativo. El México de los feminicidios, que se extendió por diversas regiones.

Al inicio del año hubo protestas en el Valle de México, en el norte del país y en el sureste por el alza en los combustibles. La liberación de precios de las gasolinas y el diésel marcó la liberación también de las protestas callejeras. Este incremento es el producto más visible y tangible de la reforma energética, por ello el rechazo general de la población.

Este año fue el de más ejecuciones en el gobierno de Peña Nieto (75 por día, promedio sexenal). La estrategia fallida de seguridad seguida en los últimos once años por los gobiernos de Calderón y Peña encuentra en estas estadísticas criminales la prueba irrefutable de su inoperancia.

La violencia de género es otra de las herencias negras de este año. Al menos cinco regiones se incorporaron a la lista de monitoreos especiales. CDMX, Michoacán, Sonora, Tamaulipas y Chihuahua, que es la única entidad que no reconoce el concepto feminicidio en su legislación.

Este México bronco es el que todos debemos observar de cerca para evitar que en el próximo año electoral cabalgue con fuerza.

 

ricardomonreala@yahoo.com.mx

Twitter: @RicardoMonrealA