Todo lo que nos dicen las acciones: redadas y discursos de odio

Ene 01 1970

Hace algunos días, distintos medios de comunicación reportaron que en efecto, el acusado del tiroteo del 3 de agosto en El Paso, Texas, tenía como objetivo disparar en contra de mexicanos. Como bien se sabe, la tienda donde escogió perpetuar el crimen es un espacio frecuentado por familias de ambos lados de la frontera, además de que Texas es uno de los estados con mayor proporción de población latina y de origen mexicano en la Unión Americana.

Dado que el autor del tiroteo compartió horas antes del suceso un texto donde se refería a la comunidad hispana como “invasora”, mucha de la discusión en torno al suceso ha versado sobre la importancia de cuidar las palabras. En parte, porque asociar a la comunidad latina con una “invasión” ha sido retórica repetidamente utilizada por el Presidente para referirse a las caravanas de migrantes y a la población que busca acceder al país mediante la frontera sur. El Presidente, así como distintos voceros de su administración, han condenado las expresiones racistas relacionadas con el evento; el líder del Ejecutivo ha inclusive sugerido que la pena de muerte sea aplicada a quienes cometan crímenes de odio.

No obstante, no podemos perder de vista la importancia de las acciones y de la congruencia. Pensemos en las redadas masivas, llevadas a cabo días después en Misisipi, donde más de 700 personas fueron arrestadas, incluyendo más de 100 connacionales. Las acciones contrarias al respeto a los derechos humanos y a la dignidad de todas las personas, no pueden intentar esconderse detrás de discursos conciliatorios.

Las palabras son fundamentales para entender y construir el mundo, pero las acciones son la retórica puesta en práctica. Condenar el odio mientras se continúan promoviendo acciones que criminalizan a comunidades enteras, vulneran lazos familiares y promueven el miedo no es condenar el odio, es no decir nada.

 

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