MURO, TLCAN E INTERVENCIÓN

Ene 01 1970

Como no sucedía desde el siglo XIX, la amenaza de una intervención política directa desde Washington está presente en el país.

 

La agenda antimexicana del gobierno del señor Trump está caminando. No con la celeridad que la Casa Blanca quisiera, pero sí con la visión y en la dirección indicada desde hace dos años.

Esta visión identifica a México como amenaza notable para la economía y la seguridad norteamericanas, a la que se debe hacer frente con la construcción de un muro secesionista, la cancelación del Tratado de Libre Comercio y las deportaciones masivas.

Y si estas acciones no redujeran la amenaza mexicana, entonces habría que considerar intervenciones más directas, como la política y la militar (recordemos dos momentos: “cuando rejuvenezca a nuestras fuerzas armadas, México no querrá jugar a la guerra con nosotros” y cuando Trump ofreció a EPN enviar fuerzas armadas para acabar con los “bad hombres”).

Gracias a los pesos y contrapesos de la democracia norteamericana (cámaras legislativas, Poder Judicial, opinión pública y organizaciones civiles), la agenda antimexicana no ha avanzado más lejos, pero Washington no ha renunciado a ella en sus partes medulares.

Lo demuestran los cinco prototipos de muro que se están levantando en la frontera, y las condiciones crecientemente inadmisibles que está planteando el grupo negociador del señor Trump en las negociaciones del TLCAN (revisiones cada 5 años, componente norteamericano del 50% en los autos armados en la región y restricciones sanitarias a los productos agrícolas mexicanos).

En contrapartida, la agenda de México para intentar convencer al vecino país de que no somos el peligro que dicen, está más que rezagada. Simplemente no se ve por ningún lado una estrategia diplomática y política al respecto.

Por si fuera poco, el próximo año es electoral tanto en México como en Estados Unidos de América. Aquí elegiremos presidente de la República, la totalidad de la Cámara de Diputados y de Senadores, y celebraremos elecciones locales en 30 de las 32 entidades federativas, donde habrán de renovarse nueve gubernaturas, 27 congresos locales y los ayuntamientos en 26 estados de la República. En total, 3 mil 326 cargos de elección popular el “súper domingo” 1 de julio de 2018. Nunca antes habían concurrido ese empate de elecciones federales con locales, lo cual hace inéditos desde ahora esos comicios, donde veremos si la política nacional arrastra a la local, o viceversa.

En Estados Unidos, por su parte, el 6 de noviembre de 2018 se elegirán la totalidad de la Cámara de Representantes y 33 senadurías, donde la administración Trump buscará ganar votos haciendo del muro y de la eventual nulidad del TLCAN su principal marca de venta electoral.

El muro y un TLCAN disminuido tendrían efectos electorales también en México. La forma como procesen y definan sus posturas los candidatos presidenciales en ambos temas les sumará o restará votos. Hasta el momento, AMLO sigue siendo considerado por la mayoría de los electores como el más capaz para sortear estos eventos.

Pero las clases medias mexicanas (especialmente en el norte del país), altamente receptivas a las posturas de Washington, serán susceptibles a cualquier opinión negativa sobre los aspirantes presidenciales mexicanos.

Aquí es donde los candidatos de la derecha mexicana buscarán ganar votos para sí y alentar vetos para la izquierda. Como no sucedía desde el siglo XIX, la amenaza de intervención política directa desde Washington está presente en el país. Sin TLCAN, con un muro en construcción y con un intervencionismo norteamericano activo, la elección presidencial mexicana luce desde ahora vulnerable y frágil.

 

ricardomonreala@yahoo.com.mx

Twitter: @RicardoMonrealA