Que la esperanza venza al miedo

Ene 01 1970

Recorro las calles de Ecatepec a unas horas de la elección más crucial, más importante y más reñida que jamás el PRI haya disputado en un estado considerado su santuario electoral, donde la única alternancia que se conoce es la del día y la noche.

Con sus casi dos millones de electores, Ecatepec es el municipio más poblado del Estado de México y del país. Pero también es la capital del miedo, según el INEGI y sus puntuales encuestas sobre seguridad y percepción de violencia en el país.

Aquí, el miedo es a perder la vida en el transporte público, en la calle, frente a la casa o en el hogar mismo, por un asalto, por una venganza.

Tierra de feminicidios: aquí las mujeres tienen miedo a ser ultrajadas, violentadas, asesinadas y a terminar su vida en el canal de desagüe, en los tiraderos de basura o a un costado del Circuito Exterior Mexiquense.

Aquí los jóvenes transpiran miedo. Los que tienen el privilegio de estudiar, temen terminar la escuela para desembocar en el ejército de desempleados que circunda al municipio. Quienes ya no pudieron seguir estudiando y ahora viven de un empleo informal y precario, temen pasar el resto de su vida anclados a una economía sin futuro, a una existencia sin aspiraciones. Aquellos que se han enrolado en los carteles y bandas delincuenciales, temen no llegar vivos a la mañana siguiente.

Aquí también hay un miedo preelectoral inducido, manipulado, administrado, como todo lo que caracteriza a una elección de Estado, que más bien parece establo.

Mientras un sector de la prensa habla del atropello a la democracia en Venezuela, nadie destaca el atropello a la democracia en el Estado de México, donde el órgano electoral local no ha podido siquiera desplegar correctamente un simulacro de conteo rápido y se ha negado a adoptar la transmisión de datos e imágenes a través de los teléfonos inteligentes.

En 1988, el sistema se cayó al finalizar la jornada electoral, cuando empezaron a llegar los primeros resultados desfavorables al gobierno. Hoy, 29 años después, en el Estado de México, el sistema de cómputo se cayó un día antes de la elección. Y nadie dice nada.

Aquí también todo mundo se enteró de Eva Cadena, la expanista de Veracruz que recibió 500 mil pesos para supuestamente entregarlos a López Obrador, a quien ni siquiera conoce; pero nadie habla de la cadena de financiamiento ilegal que se ha dispersado en todo el estado a través de programas federales y estatales que suman casi 5 mil millones de pesos.

Y mientras otros hablan del “diezmo de Texcoco” (el 10 por ciento que entregan voluntariamente los empleados de confianza del municipio), nadie habla del diezmado gabinete legal y ampliado que se ha volcado en la entidad con una sola consigna: “El triunfo de Morena es moralmente imposible”. El mismo argumento que el PRI de los años sesenta inventó para operar “el fraude patriótico” contra el PAN. Solo que ahora, en el “fraude patriótico” contra Morena, van  PRI, PAN y PRD juntos, aunque no revueltos, con tareas especializadas.

Es casi media noche. Veo varios reportes y escenarios sobre la jornada que está a horas de iniciar. Los pronósticos son coincidentes: quien gane, Morena o el PRI, será por cuatro puntos. Pero el cisne negro del “no sabe” y el “voto oculto” es alto. No menor al 17%. Aquí está el desenlace de la elección. De ese segmento electoral (jóvenes millennials y mujeres de clase media y baja, mayoritariamente) depende lo que será historia para unos e histeria para otros.

Capital del miedo, Ecatepec es también la capital de la esperanza. Esa emoción y ese sentimiento es el mejor antídoto al temor, a la incertidumbre, a la zozobra y a la violencia.

En la concurrida Plaza de las Américas pregunto al azar a 10 visitantes si van a votar mañana: “¡Claro!”, “¡Por supuesto!”, “¡Ya estuvo!”, “Desde temprano estaré en mi casilla”. Y es que la tasa de participación será definitoria y definitiva. A una tasa normal de 45-48%, la elección será para el partido que tenga la mejor maquinaria para llevar su voto duro a las urnas.

Arriba de ese umbral, la elección ya no será de maquinarias partidistas, sino de ciudadanas y ciudadanos movilizados por la esperanza de una mejor vida para ellos, para sus familias y para su estado.

¿Elección de maquinarias o elección de ciudadanos? Estamos a horas de saberlo.

Por lo pronto, a votar todos, porque solo con votos se construye ciudadanía, democracia y un mejor Estado de México… Y que la esperanza venza al miedo, por mucho más de 4 puntos.