RADIOGRAFÍA

Ene 01 1970

A 5 semanas de la elección, el panorama se aclara. De acuerdo con la experiencia y la ciencia, los números y las tendencias electorales suelen mantenerse, tener poca variación, lo que nos hace suponer que el candidato de Morena-PT-PES es el virtual presidente de la República, con la probabilidad de obtener mayoría en los puestos de elección popular en disputa, como gubernaturas, senadurías, diputaciones y ayuntamientos  y alcaldías constitucionales.

 

El movimiento que encabeza Andrés Manuel López Obrador en el país es un fenómeno social y político, que tiene su explicación en el hartazgo social, y la corrupción y los privilegios de una minoría, que profundizaron la desigualdad, pero la radiografía del momento se puede analizar con objetividad: en el escenario electoral, se puede señalar que el partido que gobierna y sus aliados (PRI, PVEM, Panal y parte del sector económico) se encuentran en un proceso sin precedente de deterioro y desprestigio, una debacle difícil de remontar, cuyos resultados el día primero de julio, se pronostica, serán de los peores en la historia electoral y política de ese partido y del país.

Según la encuesta del día 24 de mayo, publicada por El Economista, podrían obtener 40 senadurías y hasta 105 diputaciones federales, en el mejor panorama, o 18 y 62, respectivamente, en el peor. Y sólo en uno de los estados que disputan gubernaturas podrían dar la batalla. Aunado a esta debacle, a esta situación de descomposición, se suman las políticas públicas implementadas por el gobierno en materia de seguridad pública, educación, salud, telecomunicaciones, laboral, fiscal, energética, que sólo beneficiaron a un sector económico aliado al régimen, pero que, paradójicamente, hoy los abandona y se suma al Frente adversario, compuesto por PAN,  PRD y MC, de manera oportunista y desleal respecto a quienes les otorgaron beneficios y por quienes promovieron e impulsaron esas políticas públicas que ahora los tienen en el piso electoral.

Este grupo económico, con nombre y apellido, ahora se encuentra en el cabildeo intenso para recaudar recursos económicos e invertirlos en campañas de denuesto y ataque contra Andrés Manuel López Obrador, puntero en el proceso, y en torno a quien mantienen una preocupación creciente de conclusión de privilegios e influencias. Es hasta escandalosa la forma en que la desesperación los hace actuar: obligan a sus trabajadores para votar por el Frente, contratan conferenciantes y panelistas, cuya alocución es hablar en contra de AMLO y asemejar su proyecto de nación con el de Venezuela, presagiando el fin de libertades y el proceso de confiscación arbitraria y nacionalización de bienes privados de particulares, todo lo cual resulta absurdo, pero que genera confusión y sacudimiento en las mentes de los trabajadores.

Estas prácticas se presentaron también en 2006 y 2012, impulsadas entonces por un número mayor de actores de sector económico, y hoy se reeditan, aunque promovidas por un número más reducido. Sin embargo,a pesar de que se denuncian, siguen impunes en la Comisión de Delitos Electorales.

Hace unos días me encontré en una sala del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México a un personaje que fue secretario de Estado recientemente. No disimuló su depresión por el inminente triunfo de AMLO, pero lo que me sorprendió fue verlo ahora como promotor convencido del PAN. Al cuestionarlo, me dijo: “Nosotros tenemos privilegios en el país, la ideología no nos importa”. Me impacté con la corta respuesta, pero luego, al reflexionar, no me sorprendió su reacción. Tiene razón. En efecto, este grupo económico defiende, como siempre lo hizo, sus intereses por encima de los del país; defiende sus inversiones por encima de la patria; no tiene ideología, sino interés. Ésa es la explicación del sitio que hoy ocupa el PRI en el sótano de la confianza ciudadana, porque abandonaron a los sectores a los que se debían, también las políticas públicas que los sostenían, y se ubicaron a la derecha de la geometría política, posición que ya estaba ocupada por el PAN y sus aliados.

Abandonaron a los campesinos y el lugar en donde habitan, el agro nacional, provocando una profunda crisis en alimentos; abandonaron a los petroleros y promovieron y permitieron la privatización energética; abandonaron a las y los maestros, permitiendo la mal llamada reforma educativa; abandonaron a los trabajadores, conculcando las conquistas laborales que les habían permitido mantenerse en le poder. Luego entonces, es clara la radiografía y la explicación de la posición última de ese partido y sus aliados, sin contar los desencuentros y las presiones internos entre la ortodoxia priista y la nueva tecnocracia política.

Por su parte, el PAN también proviene de una crisis interna en la dirección de su institución política y en la selección de su candidato a la presidencia de la República, y promueve una alianza extraña, pero audaz, con el PRD, que se está vaciando, en su corrimiento hacia Morena y la coalición. A pesar de que está abastecido de recursos económicos abultados, el estancamiento del PAN es notable, y su confrontación con el gobierno, concretamiente con el titular del  Ejecutivo es por todos conocido y de fama pública.

El candidato del Frente a la presidencia de la República, a juicio de propios y extraños, es poco confiable, no respeta acuerdos y no es hombre de Estado. Su figura es vulnerable y su posición, vacilante e indefinida. La suya es una coalición a la que se le ve como último recurso para detener el avance de Andres Manuel López Obrador en su carrera hacia la Presidencia de la República. Los casi 20 puntos de distancia que registran casi todas las encuestas hacen imposible siquiera su acercamiento al puntero.

El gobierno y los hombres del poder económico que han actuado en contra de AMLO durante todos estos años debería reflexionar, para rectificar. Todavía es tiempo. El fuerte de Andrés Manuel no es la venganza; no está en sus propósitos asumir o impulsar actitudes autoritarias que lesionen la propiedad o que perviertan el Estado de derecho; no promoverá confiscaciones ni nacionalizaciones; respetará escrupulosamente el Estado de derecho; combatirá a fondo la corrupción y promoverá una renovada esperanza en las mexicanas y los mexicanos.

Los empresarios, inversionistas y escépticos deberían ser los más interesados en la alternacia política y el cambio de régimen, porque quienes trabajen de manera lícita y honesta podrán hacer crecer sus ganancias en un régimen que fijará piso parejo y no permitirá “moches” por la asignación de obras y contratos que caminan en perjuicio de la calidad o de la presetación del servicio.

Están a tiempo de serenar sus ímpetus de guerra sucia en contra de AMLO. Recordemos que no hay crimen perfecto: siempre, los grandes delincuentes, dejan huellas que tarde o temprano los evidencian. Andrés Manuel López Obrador convocará, la misma noche del triunfo, a un gran acuerdo de reconciliaciona nacional, a un gran acuerdo para la reconstrucción del país, a un gran acuerdo para la cuarta transformación de la República.