Reforma fiscal recesiva

Ene 01 1970

La cascada de impuestos que recientemente aprobaron PRI, PVEM, Panal y un sector del PRD, es la puntilla a una economía debilitada y vulnerable. Las nuevas medidas fiscales (especialmente la homologación del IVA en las fronteras, los gasolinazos mensuales de 11 centavos por litro y los impuestos a la importación de las maquiladoras), lejos de estimular el crecimiento de la economía harán que caiga en una recesión, ya que lejos de estimular el mercado interno (el consumo y la producción de la planta nacional), lo contraerán aún más. Y si a ello agregamos que el otro motor de nuestra economía (las exportaciones a los Estados Unidos) se encuentra semiapagado, tenemos entonces un cuadro recesivo profundo.

El peor momento para subir o crear nuevos impuestos, es cuando una economía se encuentra en desaceleración o en recesión. No hay que tener doctorado en economía para entender esto. Por el contrario, la mejor receta para salir de una crisis es bajar impuestos, abrir el crédito, acelerar el gasto público en infraestructura y estimular la inversión privada. Aquí estamos haciendo exactamente lo contrario o aplicando medidas de política económica que se neutralizan entre sí.

Por ejemplo, mientras el banco de México reduce el costo del dinero al bajar las tasas de interés, el gobierno incrementa los impuestos, encareciendo con ello el consumo e inhibiendo la demanda interna. De esta forma, la política fiscal choca con la política crediticia. Pero no es el único factor, aquí apuntamos otros que han sido desglosados por el economista Adolfo Hellmund:

  1. Créditos al consumo. El crédito al consumo en sus diferentes modalidades había estado creciendo rápidamente en los últimos años. Tarjetas de crédito, créditos personales, créditos de nómina, créditos en tiendas comerciales, etc.; la mayoría a tasas de interés muy altas. Cuando el crédito al consumo crece al mismo tiempo que crece el ingreso, es un catalizador del crecimiento. Cuando crece simultáneamente a un ingreso estancado, como es el caso mexicano, es una bomba de tiempo. La cartera vencida en tarjetas de crédito ha crecido un 45% en sólo un año, lo que nos da un ejemplo de este riesgo. Este tipo de financiamiento ya no contribuye a aumentar la demanda agregada, sino que le resta. Si la recesión se prolonga, este crédito le puede traer problemas al sistema financiero, agravando más dicha recesión.
  1. Créditos a estados y municipios. Los escándalos de corrupción y crecimiento de deuda en diferentes estados y municipios del país pusieron en evidencia el ritmo desmedido e insostenible de este tipo de deudas. El fenómeno se exacerbó en muchos casos por las contribuciones de gobiernos locales a campañas electorales en el 2012. En un fenómeno similar al del crédito al consumo, el gasto financiado con estas deudas contribuyó, en su momento, a aumentar la demanda agregada. Los programas de austeridad requeridos para reestructurar dichos créditos y la insolvencia de muchos gobiernos locales ahora tienen el efecto contrario. Esta situación se verá agravada en los próximos dos años por la autorización que el Congreso dio al gobierno federal para que se endeude hasta por 600 mil millones de pesos (más del 1.5% de déficit público), con lo que entramos al camino seguido por Grecia, Italia, Irlanda y otras naciones con fuerte endeudamiento público.
  1. La política de vivienda. Lejos de estimular la industria de construcción que es uno de los motores de la reactivación económica, se encuentra estancada. Las políticas arriesgadas de ciertas compañías de vivienda, así como la mala supervisión de las mismas por parte de las autoridades, crearon un endeudamiento excesivo en el sector y una oferta de vivienda superior a la demanda efectiva por esa vivienda. Tenemos miles de viviendas desocupadas por un lado, y millones de demandantes de un techo propio, por el otro.
  1. Niveles de inseguridad. La inseguridad no ha bajado. Por el contrario, se incrementa y que sigue afectando cada vez a más regiones del país, inhibe las inversiones, sobre todo de los micro, pequeños y medianos empresarios, que al ser ubicables en sus negocios, son blancos de extorsión y secuestro. En las áreas rurales esta situación puede ser todavía más crítica que en los centros urbanos.
  1. Emigración neta cero. Por último, pero no por esto menos importante, la falta de crecimiento en Estados Unidos creó un ambiente muy poco favorable hacia el trabajador mexicano. Aparentemente, el flujo migratorio neto es cero o tal vez incluso negativo, con más trabajadores regresando de los que emigran. Esto ha tenido un impacto negativo sobre las remesas, que en ausencia de emigración neta positiva van a tender a decrecer por razones inerciales.

Lo importante ahora es el escenario previsible para 2014. En primer lugar, habría que ver cuál es la tendencia histórica de crecimiento de México a partir de la implantación del modelo neoliberal. También hay que recordar que con cada serie de reformas se decía que el crecimiento se iba a acelerar… pero nunca se ha acelerado, sino todo lo contrario. Ya hubo apertura comercial, apertura y desregulación financiera, cientos de privatizaciones, desmantelamiento de subsidios y precios de garantía al campo, autonomía del Banco de México, fuerte reducción de las tasas marginales más altas del ISR, reforma laboral, etc., etc., etc. El conjunto de dichas reformas es mucho más importante, del punto de vista de su impacto en la economía, que las reformas planteadas hoy. De acuerdo a sus impulsores, este conjunto de reformas ya nos deberían estar haciendo a crecer a tasas muy superiores a las que teníamos antes de “acceder a la modernidad”. Y sin embargo… antes crecíamos al 6% y ahora lo hacemos al 1-2%, con crisis frecuentes.

La reforma fiscal, al subir impuestos, no puede más que reducir este crecimiento inercial. La reforma energética, del punto de vista del mismo gobierno, no tendría efectos positivos inmediatos, así que: ¿de dónde vendrá el crecimiento que promete el gobierno, otra vez de aproximadamente 4%? De supuestos muy endebles o de condiciones futuras de realización incierta.

Así como se niega o minimiza la inseguridad (por ejemplo, lo acontecido en Michoacán es calificado por el gobierno como mero vandalismo, mientras que para los especialistas es un manifestación grave de “narcoguerrilla”), así se niega que estemos entrando a la recesión.

¿Cómo creer en un pronóstico de crecimiento para 2014? Los empresarios e inversionistas que creyeron y fueron decepcionados en 2013, ¿creerán en las cuentas alegres para el 2014? ¿Invertirán de acuerdo a esos pronósticos o a la realidad que experimentaron en 2013? Esta reforma fiscal no deja dudas del resultado esperado: vamos a la recesión, no al despegue económico.