Revocación de mandato, ya

Ene 01 1970

Con la revocación de mandato, podrían salir a protestar y luego, en su momento, votar para que se hiciera realidad lo que fue la demanda central de estas marchas.

Las marchas del domingo en algunas ciudades del país en contra de las políticas del presidente AMLO son el mejor argumento para impulsar el reconocimiento constitucional de la revocación de mandato.

Paradójicamente, quienes no aprueban ese recurso de la democracia participativa directa son los que acudieron a marchar. Con la revocación de mandato, podrían salir a protestar y luego, en su momento, votar para que se hiciera realidad lo que fue la demanda central de estas movilizaciones: la renuncia del titular del Ejecutivo federal, midiendo presencia con aquellos ciudadanos que votarían por la permanencia en el cargo presidencial.

Acerca de la marcha del pasado domingo en algunas ciudades del país, vale la pena formular algunas observaciones.

1. Asistencia: entre 5,000 y 10,000 personas, en todo el país. En términos cuantitativos, no son números notables; en términos cualitativos, es la primera protesta a 5 meses del inicio de la actual administración federal. La Ciudad de México refrendó su posición de caja de resonancia política, al concentrar el mayor número de participantes.

2. Convocantes: a diferencia de otras épocas, cuando la pregunta clave era “¿quién está detrás de esta marcha?”, hoy fue muy claro quién estuvo al frente de la misma. Connotados miembros del PAN a nivel local y nacional, de cámaras empresariales estatales y organizaciones de la sociedad civil afines a los mismos. No es casual que las ciudades donde se registraron las protestas sean municipios en los que el PAN tiene o ha tenido la oportunidad de gobernar.

3. Perfil: a pesar del esfuerzo por presentarse como “marcha ciudadana” y de “ciudadanos independientes” (la vestimenta color blanco buscaba esa percepción), la verdad es que la convocatoria y la dirección de las mismas estuvieron visiblemente marcadas por organizaciones con transparentes e inocultables filias y ligas partidarias.

4. Demandas: fueron de tres tipos. Las que reclamaban mejores servicios: “educación de calidad”, “rescate de las estancias infantiles”, “en defensa del NAICM”. Las jurídicas: “respeto a la Constitución”, “no destrucción de la división de poderes”, “en contra del autoritarismo”. Y la demanda política central: “renuncia, AMLO”. Ni una pancarta en contra de la corrupción y la impunidad, ni sobre los desaparecidos de Ayotzinapa; tampoco sobre los feminicidios; nada, sobre los más de 200,000 mexicanos ejecutados extrajudicialmente en la última década, ni sobre algún otro tema de la agenda de justicia transicional o de fortalecimiento de los derechos humanos. Este silencio o ausencia de temas sensibles revela la naturaleza nítidamente partisana de las marchas del domingo.

5. Primera de varias: habrá que acostumbrarse a este tipo de marchas y protestas desde el flanco derecho del sistema político mexicano. De hecho, cuando el presidente fue jefe de Gobierno del entonces D.F., enfrentó actos similares. Uno muy importante, sobre la inseguridad, movilizó a alrededor de un millón de personas en 2004. Después vendría el búmeran del desafuero político, por el desacato a un fallo judicial. Así que la del domingo es la primera de varias. “Ojalá hagan más marchas, están en su derecho”, advirtió el presidente en su conferencia matutina de ayer, lunes. Seguramente así será.

 

ricardomonreala@yahoo.com.mx

Twitter y Facebook: @RicardoMonrealA