Segunda vuelta, a la mexicana

Ene 01 1970

Entre las múltiples sorpresas de la elección presidencial en curso se encuentra la segunda vuelta de facto que estamos viviendo.

 

La primera vuelta habría sido el periodo de precampañas que se desarrolló entre el 14 de diciembre de 2017 y el 11 de febrero del presente año.

Se supone que este periodo está destinado a que las y los aspirantes presidenciales realicen campañas proselitistas entre militantes y simpatizantes, pero todos vimos cómo José Antonio Meade, Ricardo Anaya y AMLO recorrieron el país y difundieron promocionales urbi et orbi con la única advertencia de que “Éste es un mensaje dirigido a los miembros del partido”.

Este modelo de comunicación mediática es similar al de “Los XV años de Rubí”, para los que el padre de la festejada hizo una invitación por Facebook a los amigos y compañeras de su hija, pero todo México se enteró y una buena parte de mirones, gorrones y fiesteros se apuntó.

De esta forma, el periodo de precampaña presidencial se transformó en los hechos en una primera vuelta, en la cual el electorado de todos los partidos y la ciudadanía que no pertenece a ninguno de ellos, vieron, escucharon y recibieron todo tipo de información y desinformación sobre los precandidatos de las tres coaliciones y hasta de quienes aspiraban a una candidatura independiente.

¿Qué nos dejó esta primera vuelta? Lodo y mugre. Una réplica política de aquel programa televisivo de Luis Manuel Pelayo, El palo encebado, en el que los participantes debían trepar por un poste de madera embadurnado de grasa, cebo de puerco y brea, para ver quién llegaba primero a la punta.

Aun así, hubo resultados interesantes. Por ejemplo, el único que avanzó fue AMLO, con su coalición Juntos Haremos Historia. Mientras que Ricardo Anaya, candidato de la coalición Por México al Frente, después de haber sido acusado de una presunta operación de lavado de dinero por 53 millones de pesos (sin juzgar que sea cierta o falsa tal imputación), perdió algunos puntos de lo que parecía un ascendente segundo lugar. Hoy, ese segundo puesto de la carrera lo disputa Anaya con el candidato de la coalición Todos por México, José Antonio Meade.

En el cluster de los “independientes” también hubo movimientos importantes. Fueron descartados prácticamente todos, quedando como única sobreviviente, al día de hoy, Margarita Zavala, también esposa del expresidente Felipe Calderón, lo que le impone un toque argentino kirchneriano a la contienda mexicana.

Podríamos concluir diciendo que la primera vuelta a la mexicana fue favorable a AMLO y a Margarita Zavala; perjudicial para Anaya y para los independientes (“El Bronco” y “El Jaguar”, sobre todo), mientras que Meade resultó indemne de esa guerra de lodo. No avanzó, ciertamente, pero tampoco se desfondó.

Inició después la segunda vuelta. El juego se llamó “Tírenle al puntero”, es decir, a AMLO. Con 12 años de guerra sucia como preludio (desde el “peligro para México” hasta el “Manuelovich”), no hay algo nuevo que parezca cimbrarlo ni, mucho menos, derrocarlo, del primer sitio. Llega vacunado y hasta con el tigre enjaulado y debidamente sedado.

Sólo errores internos (por ejemplo, una estructura de movilización y representación electoral débil) o una voltereta espectacular de 15-20 % de los ciudadanos y ciudadanas que aún no deciden, podría cambiar lo que viene. Por lo pronto, la segunda vuelta a la mexicana apunta también hacia AMLO, y a Morena como primera fuerza legislativa en ambas cámaras. Una verdadera hazaña.

En todo caso, faltan tres meses para la elección. Poco tiempo para una campaña de propuestas. Demasiados días para una lucha en el lodo.

 

ricardomonreala@yahoo.com.mx

Twitter: @RicardoMonrealA