¿SE PUEDE GANAR SIN ALIANZAS?

Ene 01 1970

La estación Finlandia no está en Toluca 2017, sino en el zócalo de la CDMX 2018. Y desde esta política de acumulación de fuerzas a Morena le está yendo, en efecto, “requetebién”

 

Es una pregunta derivada del resultado en el Estado de México, donde el PRI logró retener la gubernatura gracias a sus aliados (y a una elección de Establo), mientras que Morena en solitario alcanzó una votación inimaginable hace unos meses, aunque insuficiente para ganar de manera contundente.

Existen evidencias sólidas de que Morena ganó el Estado de México, pero el obsceno operativo de Estado que se instrumentó mucho antes de la elección, ante la vista gorda de la autoridad electoral, le permitió al PRI robarse la elección, a billetazo sucio.

Ahora bien, el contundente rechazo que el pasado fin de semana hiciera el presidente y dirigente nacional de Morena para ir en alianza con cualquier otro partido que no fuera el PT, reeditó la pregunta postelectoral y la enfocó en un tema: ¿podrían Morena y AMLO ganar la presidencia de la República únicamente en alianza con el PT?

La mayoría de las opiniones señalan que eso no será posible y el haber descartado desde ahora al PRD y MC, otrora aliados, en 2006 y 2012, aporta la certeza de que la izquierda irá dividida y, por ende, sin posibilidades de victoria. “Si unidos en un solo polo no pudieron; divididos, menos”, es el argumento.

Los más entusiasmados con esta decisión de Morena son el PRI y el PAN, y hasta las gracias por anticipado brindan, porque presuponen que se alejan las posibilidades de AMLO de llegar a Palacio Nacional.

Sin embargo, esa sonrisa se les puede helar, si vemos más de cerca otras aristas y consecuencias de esa decisión.

Al rechazar una alianza amplia de izquierda, López Obrador confirma lo que siempre ha dicho: que su objetivo no es ganar la presidencia a cualquier costo y a costa de lo que sea. Se trata de ganar con activismo, no con pragmatismo.

Las alianzas son ciertamente el camino más corto para ganar una elección, pero no siempre son el camino más sólido para gobernar una vez que se obtiene el cargo. Ejemplos de esto sobran en la experiencia aliancista mexicana de las últimas dos décadas.

Por otra parte, ganar el Estado de México un año antes de la elección presidencial hubiese significado haber obtenido una manzana envenenada, porque el aislamiento, el hostigamiento y el estrangulamiento político, presupuestal y en materia de seguridad a la primera gubernatura de Morena, hubiese sido de antología. La bomba de tiempo llamada Estado de México (en términos de inseguridad, desempleo y corrupción) puede estallarle al próximo gobernador antes del verano del 2018.

La estación Finlandia no está en Toluca 2017, sino en el zócalo de la CDMX 2018. Y desde esta política de acumulación de fuerzas a Morena le está yendo, en efecto, “requetebién” desde que nació a la vida pública en 2015. Primera fuerza de izquierda en las elecciones federales intermedias; tercera fuerza nacional al contabilizar 13 elecciones locales de 2016 y el partido más votado en 2017 al sumar los resultados de cuatro elecciones estatales (poco más de 2.5 millones de votos). Y todo ese trayecto lo ha caminado en solitario, en una época en que la crisis de la partidocracia aconseja precisamente eso: “más vale solo que mal acompañado”.

En un escenario balcanizado como se vislumbra el 2018 (con cuatro o cinco frentes disputando la presidencia), el próximo presidente podrá serlo con 20 millones de votos. En 2006 AMLO obtuvo 14.8 millones de votos y en 2012, 15.9. Estaría a sólo 4 millones de la meta. Para obtenerlos hay dos caminos: buscando socios o desarrollando estructura territorial propia. Se optó por lo segundo. Más difícil, ciertamente, pero “más marrao”.

 

ricardomonreala@yahoo.com.mx

Twitter: @RicardoMonrealA