Un acto revolucionario

Ene 01 1970

Los delitos de corrupción son complicados de medir: en primer lugar, son escasamente denunciados, por lo que es poco probable que los registros administrativos se aproximen a la realidad. De igual manera, las encuestas de victimización tienen dificultades metodológicas que tienden a subestimar el número de delitos relacionados con corrupción, obstaculizando la generación de una estadística confiable.

Por esta razón, la percepción de los niveles de corrupción se ha convertido en el método más común para aproximarse a la magnitud de este delito y, como seguramente se intuirá, estos índices colocan a nuestro país en los últimos lugares del escalafón mundial.

La corrupción en México ha tenido efectos devastadores en los niveles de confianza de la ciudadanía en las autoridades; ha mermado el Estado de derecho y generado grandes pérdidas para la economía nacional. Aún así, somos hoy en día una de las veinte economías más grandes y con mayor potencial del mundo. Combatir la corrupción de manera efectiva, por ende, tendrá un impacto mayúsculo en el ritmo de crecimiento de nuestro país.

Con esto en mente, el gobierno federal ha empezado una lucha para erradicar la corrupción que por tanto tiempo ha tenido secuestradas a las instituciones. Los resultados están comenzando a cristalizar, pero el avance requerirá de la activa y consciente participación del sector privado.

La honestidad casi siempre ocupa un lugar primordial en la lista de valores institucionales de la mayoría de las empresas; sin embargo, un buen número de negocios se ha beneficiado de los altos niveles de corrupción en nuestro país durante mucho tiempo. Basta con revisar los casos de corrupción a gran escala registrados en las administraciones pasadas. Adicionalmente, con base en las encuestas de victimización en el sector privado, sabemos que el 99 % de los negocios que experimentan un acto de corrupción deciden no denunciar.

Es necesario que el sector privado y el sector público desarrollen relaciones laborales basadas en la competitividad y la factibilidad, no en compadrazgos o favoritismos, como en el pasado. De igual modo, es fundamental incentivar las denuncias de actos de corrupción, para fortalecer el Estado de derecho, brindando mayor certidumbre a posibles inversionistas, algo que sin duda favorecerá el crecimiento económico de nuestro país y elevará el nivel de confianza de la ciudadanía en las autoridades.

El combate frontal a la corrupción es, hoy más que nunca, necesario para llevar a cabo la transformación que el país necesita. No ha sido ni será sencillo, pues en tiempos de engaño, como expresara George Orwell: “Actuar con la verdad se convierte en un acto revolucionario”, pero, sin duda, está valiendo la pena.

 

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