¿Y el estado laico?

28 Mar 2013

Parece que fue ayer, pero es una historia de hoy.

Cuando Felipe Calderón asistió al Vaticano en abril de 2011 a la ceremonia de beatificación de Juan Pablo II y, posteriormente, cuando el Papa Benedicto XVI estuvo en México (en realidad, en Guanajuato) y el mismo Calderón sostuvo un encuentro con él en calidad de Jefe de Estado anfitrión, el PRI cuestionó severamente estos encuentros.

Lo hizo con argumentos jurídicos, políticos e históricos que tenían por objetivo central defender la reforma constitucional que declaraba expresamente al Estado Mexicano un “Estado laico” y que acababa de ser aprobada en por el Congreso ese mismo año, con el abierto rechazo de un sector del clero mexicano, del Yunkismo panista y de la propia Presidencia de la República.

Hoy que se encuentra despachando en Los Pinos un presidente de extracción priista, este partido metió en el baúl de los cachivaches toda la defensa del Estado laico y en su lugar sacó las matracas y las porras para aplaudir y reverenciar el viaje de Enrique Peña Nieto al Vaticano y su asistencia a la misa inaugural del Papa Francisco.

En aquel momento escribí un artículo que hoy retomo en su argumentación central con un solo cambio: donde decía Felipe Calderón ahora dice Enrique Peña Nieto. Una prueba más de que PRI y PAN podr´na diferenciarse en las formas, pero en el fondo son lo mismo.

“La Presidencia de la República anunció que el señor Enrique Peña Nieto asistirá al Vaticano a la misa inaugural del Papa Francisco, en su calidad de Jefe del Estado Mexicano. Es decir, asistirá en visita oficial, con la representación del gobierno y del pueblo de México.

“Esta decisión viola el espíritu de la reciente reforma al artículo 40 constitucional promovida por la Cámara de Diputados para incorporar la palabra “laico” a la definición de nuestro régimen político: “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República laica, representativa, democrática, federal, compuesta de Estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior; pero unidos en la Federación establecida según los principios de esta ley fundamental”.

“El laicismo mexicano consagrado en la Constitución no es fundamentalista ni anticlerical. Es decir, no prohíbe a los jefes de Estado profesar en lo personal creencia religiosa alguna; lo que mandata de manera expresa a los servidores públicos de todos los niveles es separar sus profesiones de fe personales de su función pública como autoridades y representantes de la República.

“Esto significa que, en la esfera privada, el titular del Ejecutivo puede practicar el culto religioso que más le convenza: católico, protestante, musulmán o el agnosticismo; en contraparte, en la esfera pública, tiene que ser laico, es decir, independiente, autónomo y al margen de cualesquier religión. Ello, con el fin de garantizar la imparcialidad, objetividad, neutralidad, tolerancia y certeza de la autoridad frente a una sociedad religiosa y culturalmente plural.

“El laicismo es, en este sentido, una doble garantía de protección constitucional: tanto para las religiones frente a un Estado con pretensiones confesionales; como para el Estado democrático mismo, frente a religiones fundamentalistas, integracionistas o totalitarias.

“La oficina presidencial podrá argumentar que la mayor parte del pueblo mexicano es católico, apostólico y romano, y que reconoce la influencia espiritual de los Papas en la mayoría de los gobernados; por ello, la asistencia del señor Peña Nieto al Vaticano está justificada y es obligada. Sin embargo, la laicidad no es un asunto cuantitativo de mayorías, sino cualitativo de tolerancia, protección y tutela de los derechos de las minorías religiosas.

“Desde esta perspectiva, el señor Enrique Peña tiene derecho a asistir a la misa inaugural del Pontificado del Papa Francisco en calidad de ciudadano mexicano, sufragando sus propios gastos y mediante un permiso laboral de por medio. Lo que no puede hacer, dada la laicidad del Estado mexicano mandatada por la Constitución, es asistir como Jefe de Estado, con recursos, transporte y comitiva oficiales.

“Si asiste como “Jefe de Estado” a esta ceremonia en el Vaticano, tendrá que honrar también el resto de las invitaciones que lleguen a extenderle las más de 20 religiones que actualmente se profesan de manera activa en el mundo y se practican en México; incluida la Cienciología que profesan Madonna y John Travolta; o el neopaganismo sudafricano; o el Rastafarianismo caribeño o el Santerismo cubano. Por ello, lo más conveniente es tomar distancia frente a todas ellas, sin favoritismo de ninguna clase, con respeto y tolerancia hacia estas profesiones; valores culturales que precisamente garantiza el laicismo.

“Desafortunadamente, hay una creciente confusión entre lo público y lo religioso, no sólo a nivel del Ejecutivo Federal, sino en algunas entidades de la República. Hace apenas dos años Los mandatarios de Jalisco y Guanajuato, Emilio González Márquez y Juan Manuel Oliva Ramírez, emprendieron un proceso de desincorporación de recursos públicos por causa de utilidad religiosa que causaría la envidia de los gobernadores islamitas del Medio Oriente.
“¿Y qué decir de las religiones no católicas que existen en el país y que también congregan año con año a miles de ciudadanos mexicanos en pleno uso de sus derechos de profesión de creencias? En la misma ciudad de Guadalajara se encuentra la sede de la iglesia “la nueva luz del mundo”, que reúne medio millón de mexicanos cada año. O los testigos de Jehová que suman dos millones de mexicanos en el país. O los mormones, que suelen congregar a miles de creyentes en sus celebraciones. ¿Es que ellos profesan religiones de segunda clase o una suerte de paganismo moderno?”.

Si a ello agregamos que el mandatario mexicano sostuvo reuniones privadas en el Vaticano con diversos jerarcas religiosos, de las cuales no se ha informado nada ni tenemos atisbo de los asuntos de Estado allí tratados, tenemos que la violación a la laicidad del Estado mexicano es completa. Pero como estamos en semana santa, donde el perdón, la reconciliación y el olvido son la norma socialmente correcta, nadie ha dicho nada de este viaje y de la asistencia pública a misa de un representante de un Estado laico.